El recuerdo y la pérdida


Cuando dejamos de nombrar palabras, ellas se alejan buscando otros labios. Tal vez, morir es dejar de decir palabras.

En los silencios se crucifican esperas, se disfrazan mentiras, se congela el deseo y poco importa estirar la voz hasta el grito o la súplica. Cuando las palabras se dejan de decir, el abandono brinda con la soledad.

Entonces me pongo a pensar en lo que perdemos quizá, y pregunto ¿Perdemos?

No hay mucho más de cierto que la ausencia, que ya no marca clave alguna. El tiempo, naturalmente, se llena igual. A la naturaleza no le gusta el vacío y donde antes estaba tu nombre, ahora siembro preguntas, repetidas preguntas, infantiles (si querés), preguntas...

¿Qué perdemos cuando alguien nos deja?
Perdemos la posibilidad de ser nosotros.

Pero olvidamos algo, lo perdido se recupera. De distinta forma, tal vez, pero se recupera. Claro, sólo lo advertimos cuando perdemos otra vez.

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