Solo ver y escuchar. Saquen sus propias conclusiones.
Mordaz, directo, irreverente, cumplido, insensible, benévolo, cínico, sincero, alegre, sádico, oscuro, pervertido, brutal, masoquista, bondadoso, demonio, angel, incorruptible, sensible, misántropo pero mucho mas sociable, realista y charlatán. La mezcla perfecta para un ser humano complejo.
¿Es mas amable la gente con los guapos?
Revisano y buscando información para un trabajo en la facultad e descubierto un MUY interesante articulo que procedo a transcribir. Es un experimento muy particular de parte Psicoteca
¿Es mas amable la gente con los guapos?
¿Se porta la gente mejor con quienes son guapos? Hace tiempo hablamos por aquí sobre la importancia de la belleza y del buen aspecto a la hora de conseguir buena predisposición por parte de terceros para ayudarnos.
Debiera ser de otra forma o no lo cierto es que todo parece indicar que alguien guapo o guapa puede conseguir más de nosotros que alguien feo. Aquí hay un artículo interesante del País. Os dejo también con un par de videos del programa "El Intermedio" que dan bastante que pensar.
¿Es mas amable la gente con los guapos?
¿Se porta la gente mejor con quienes son guapos? Hace tiempo hablamos por aquí sobre la importancia de la belleza y del buen aspecto a la hora de conseguir buena predisposición por parte de terceros para ayudarnos.
Debiera ser de otra forma o no lo cierto es que todo parece indicar que alguien guapo o guapa puede conseguir más de nosotros que alguien feo. Aquí hay un artículo interesante del País. Os dejo también con un par de videos del programa "El Intermedio" que dan bastante que pensar.
Tapiz (el anverso)

Alfredo se ha levantado a las siete de la mañana, como cada día; después de ducharse y desayunar se lanza a la calle. Alfredo es funcionario y hoy tiene que conocer a su nuevo jefe; espera que por fin le reconozcan su dedicación, aunque ya sabe que la fama de los funcionarios… En el ascensor saluda a Lucía; Lucía sale todas las mañanas temprano para comprar el diario y el pan, le gusta leer el diario en la cama con una figasita de manteca, antes de ponerse a trabajar en sus pulseras. Lucía hace pulseras que luego vende en los mercadillos. En el semáforo se encuentra a Carlos; Carlos reparte los churros y las borlas de fraile que hacen en la panadería familiar. Los lleva tapados con un papel de estraza que siempre se vuela, quedando tirado por la calle con sus grasientos lamparones. A Carlos, igualmente, siempre le roba una borla Mohamed, pero no le importa. Piensa que es triste venir de tan lejos para tener que robar una misera borla, como hace Mohamed.
Mohamed saluda a Luis. Luis es guardia municipal, destinado en el centro. Es guapo y fuerte, de una de las últimas promociones; a él lo que le gusta es cuidarse e ir al gimnasio. Está cansado de los carteristas y rateros del centro, esos que los jueces siempre ponen en libertad sin mayores cargos, como Jonathan. Jonathan es apenas un niño, viajero de moteles, aspira pegamento por las esquinas para olvidar que se prostituye con ancianos bujarrones en los billares. Hoy Jonathan le compra un billete de lotería a Marta. Marta es siempre la primera vendedora de la once en aparecer. Vender billetes está jodido. La gente no tiene dinero; como le dijo un cliente: cómo voy a cobrar tres millones si no tengo un puto peso para comprarlos. Es duro vender los billetes de lotería todo el año en la puta calle. Marta le vende uno a Joaquín. Joaquín es empleado de un banco cercano y todas las mañanas le da los buenos días y se lleva su billetito para probar su suerte – piensa – y se pude jubilar del banco, que ya está harto de hacer números. Cruza unas palabras con Isidro, el dueño de una concesionaria de coches que está pensando en cerrar, pues nadie cambia de coches ahora que hay una crisis. Treinta días le ha dado el banco para saldar sus deudas, mientras piensa como cobrar el coche que le debe Ignacio.
Ignacio ha comprado un coche, animado por los días de bonanza, que ahora no puede pagar. No es la primera vez. La verdad es que siempre ha vivido así, de lo que va "rascando"; y es la tercera vez que le quitan el coche. Comprará otro. Se vuelve a mirar a Pilar. Pilar es la empleada de la farmacia del barrio. Qué buena está Pilar!!, lo jodido es que sabe quién padece de la próstata y quién se compra viagra. Ser farmacéutica no está tan mal después de todo, piensa Pilar, mientras ve como van abriendo otros negocios: los inmigrantes que trabajan por menos del salario mínimo en el burger, los camareros de esa casa de comida a casi todo por cinco pesos… Pilar deja a su hijo en la cola del colectivo, que conduce Alvaro. Alvaro querría ser profesor, pero se quedó en conductor de autobús escolar. Conoce a cada niño por su nombre y a todos saluda con una pequeña broma, mientras recuerda sus tiempos de colegial, donde le llamaban “el nécora” porque no soltaba la presa y a todos volvía loco con sus fantasías. El tendría que ser escritor. Como Javier, ese famoso novelista al que ve trabajar a través de la ventana de su bella casa restaurada del centro, a la vista de todo el mundo, en un despacho lleno de libros hasta el techo. Javier tiene que escribir su artículo semanal para el periódico en el que trabaja, pero aún no sabe sobre qué hacerlo. Quizás escriba un artículo sobre la vida de la calle y esos personajes que nos cruzamos todos los días, con los que apenas intercambiamos unas palabras…
De eso no se habla.

Hubo un señor llamado Lacan que dijo una cosa que para mí es muy interesante la cosa era más o menos así: “somos lenguaje”.
En su minuciosa relectura de la obra freudiana, Lacan encuentra firmes referencias a la importancia del lenguaje en la constitución del psiquismo.
“Somos, dice Lacan, el parloteo que nos precede”.
Vieron que en general las abuelas, las tías, las madres tienen una pasión por encontrar parecidos a los familiares vivos y muertos de los niños, sobre todo de los recién nacidos. “Es Igual al padre”, dirán, en el caso de que se sepa a ciencia cierta quién es el padre, o “tiene los ojos de la tía”. A mí me da ganas de decir, no, la verdad, no. No se parece a nadie porque nació hace un rato, por lo tanto es casi un monstruo, y gracia a dios, tiene los ojos de él mismo.
Yo me pregunto: ¿No es lo suficientemente tremendo nacer en la clínica Estrada, como para que además haya que parecerse a alguien?
Volviendo al tema del lenguaje, parece ser que los niños van formando su psiquismo a partir de de lo que los padres van diciendo de ellos, dice Lacan: “La madre podrá decirle al niño: "Qué malo que sos" o "Sos un santo". La identidad del niño terminará dependiendo de cómo asuma las palabras de sus padres”.
O sea que cuando uno se cruza en la vereda de Mc. Donals con una de esas madres con la paciencia acabada que, zarandeando al hijo de dos o tres años, le gritan, taraaaaaaaado, porque se tropezó con algo o se mancho con helado, uno debe proceder a acercarse a la señora y propinarle un correctivo al grito de “Cuando sea grande le vas a tener que pagar la terapia”
Vuelvo a Lacan: “La relación del sujeto humano con sí mismo continúa construyéndose desde afuera. El sujeto humano aprende quién es a partir de lo que otros le dicen. Lo imaginario será entonces estructurado por el lenguaje”. De esto no tengo que dar ejemplos, nuestro país está lleno de gente que de tanto que le dijeron se creyó que era conductora de televisión, o mejor periodista.
Hoy nos toca hablar de “eso de lo que no se habla”. Sabían decirnos que: si comes sandia con vino te morís, si te tiras a la pileta inmediatamente después de comer se te paraliza la digestión y te morís, si te estás haciendo el visco y viene un aire te quedas visco para siempre y había temas de los que no había que hablar en ningún lado: Yo sabía que no tenía que aceptar dulces, ni caramelos de extraños y que si me preguntaban a qué partido político pertenecían mis padres tenía que responder a ninguno. Crecimos con la idea de que decir lo que uno pensaba era peligroso, ponía en riesgo nada menos que tu vida, gracias a las maravillas ocurridas en el país que "terminó" allá por el '76.
Hoy en día yo pienso que las cosas que no se dicen quedan como pequeños residuos en el cuerpo. No está bueno guardarse las palabras de ninguna especie, tanto las cosas buenas como las malas deben salir.
Si no salen anda uno después como un anacrónico por la vida reclamando cosas que pasaron hace 15 años. “Te acordás en el año 98, el día que hicimos el día de camping en Ezeiza, que yo me comí el ultimo sándwich y vos me miraste mal, si bueno, andate a la mierda, egoísta".
O “vieja yo nunca te dije nada pero hasta los años 70 yo te amaba mucho”.
O esas mujeres que sospechosamente se acuerdan que amaban al esposo en el velorio.
Hay, sin embargo, dichos que nos proponen la conveniencia de lo contrario. Por ejemplo: “Uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”
Es una fea actitud ser dueño de tus silencios. Te imaginas si por miedo a que alguien te recrimine te dicen: Señor ¿dónde queda tal calle? Silencio. Por miedo a equivocarte. O te dicen “Te quiero” y vos decís: “que bueno” por las dudas, por si en el futuro lo querés dejar o la querés dejar. Eso es un horror, un espanto de ser humano.
Las cosas que no se dicen por culpa o las mentiras piadosas, los ocultamientos a las personas que sufren del corazón, las parejas que siguen por los hijos, los hijos que siguen por los padres, las cosas que no se dicen porque sabemos que el otro no las quiere escuchar, las palabras que se dicen para no decir nada, hay gente que llena los lugares de palabras para no decir nada importante.
Hay gente que piensa que a través de la palabra se pueden curar algunos males, quien de ustedes no ha oido alguna historia acerca de curar el mal de ojo. Algunas personas van más allá y piensan que repitiendo frases como "todo está bien en mi mundo" pueden llegar a acomodar los desordenes de su vida. Recordaran a Nacha Guevara con su famosa escritura en el espejo que decía me gusta ser mujer.
Se puede, eso sí pienso yo, a través del diálogo sincero, restablecer un vinculo con una persona, a partir de decir la verdad, de hablar profundamente, a partir de decir la verdad se puede construir cualquier cosa.
A veces es difícil porque lo que tiene que decir uno no es sencillamente elaborable:
“Mira los reyes no existen”
“Papá estoy saliendo con el tío Oscar”
“Era un travesti pero te juro que yo no sabía”.
“Mira hetor, sos cornudo, y los orgasmos de los tres últimos años fueron fingidos”.
Fellini decía que para él la felicidad consistía en poder hacer todo lo que uno quiere sin lastimar a nadie. Por ahí lo podemos aplicar esto a nuestro tema y decir que también estaría bueno poder decir todo lo que uno siente sin lastimar a nadie.
En fin...
La experiencia deja ciertas enseñanzas...

Todo lo que tenés que hacer en una primera cita si vas a querer que ella te vuelva a llamar:
1. Dale sexo oral.
2. Mirala mucho.
3. No la mires tanto.
4. Desvestila con desesperación y seguridad, todo junto.
5. Decile cosas lindas.
6. Decile las peores chanchadas.
7. Mirala de nuevo.
8. No tanto.
9. Llevá el ritmo.
10. Seguí su ritmo.
11. Escuchala.
12. Sé un poco indiferente.
13. Sé un poco cariñoso.
14. Si usás slip, que no lo vea.
15. Tocala con ganas.
16. Procurá que acabe (mínimo una vez).
17. No ronques.
18. Y nunca te confundas su nombre.
Todo lo que tenés que hacer en una primera cita si vas a querer que él te vuelva a llamar:
1. Decile que la tiene muy grande.
La aventura del conocimiento y el aprendizaje

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".
ALEJANDRO DOLINA
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