
Dos cosas han provocado la decepción en esta guerra: La escasa moralidad y la brutalidad en la conducta de sus autores, de los que no se habia esperado tal cosa como copartícipes de la mas elevada civilización humana. Y entonces es de extrañar, sin reservas, que en el hombre así educado vuelva a manifestarse tan eficientemente el mal.
Pero, cabe destacar que no hay un exterminio del mal. La esencia mas profunda del hombre consiste en impulsos instintivos elementales y estos mismos (los impulsos instintivos) no son en sí ni buenos ni malos, sino que la misma civilización de la cual somos partícipes han hecho de nosotros inhibirlos.
Pero esto es guerra, y en la guerra no hay humanidad ni civilización, el instinto es lo que corre al 100% y la lucha es dura porque ellos harán lo posible por ser libres y para ello tendrán que matarme. Pero mi moralidad me impide matarlos porque en parte quiero su libertad ya que aquellos personajes son la parte de mi que nunca quise mostrar y evidencian quien soy en los mas bajos, crueles, insanos, reprochables, despreciables, maravillosos, sin tapujos, libres sin conciencia social ni moral, y sobre todo, ocultos deseos que, a causa de un plan siniestro de educación, deben ser inhibidos.
Pero ellos no saben algo... ellos son yo mismo. Y desconocen que puedo ser mucho peor de lo que piensan porque si ellos ganan, logran su libertad; pero si yo logro vencerlos consigo mi liberación. Y no voy a dejar ese privilegio a ninguno.
Preparados pues a dejar todo en este campo de batalla donde la sangre será el agua que saciará la sed de los intereses desprovistos completamente de toda moralidad.
La batalla continua hasta que uno de los dos bandos sea desmembrado, asegurandose así, la dominación y la clara muestra que nunca volverá.
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