Mordaz, directo, irreverente, cumplido, insensible, benévolo, cínico, sincero, alegre, sádico, oscuro, pervertido, brutal, masoquista, bondadoso, demonio, angel, incorruptible, sensible, misántropo pero mucho mas sociable, realista y charlatán. La mezcla perfecta para un ser humano complejo.
Que así sea
Me pasé la vida entera mintiendo, inventando una realidad a la que huir por necesidad, por aburrimiento. Mentí tanto y lo hice tan bien que yo mismo me creí mi papel, por eso me subí a los tejados con una con una toalla roja atada al cuello y salté los siete pisos sin ni siquiera pensarlo. Mas nunca fue dura la caída puesto que mi fabulosa capa me alzó siempre hacía el cielo, no dieron jamás mis huesos contra el suelo ya que este quedó inmediatamente sustituido por un mar embravecido, un mar estúpido que no pudo engullir a mi velero. Yo, ese gran pirata victorioso.
Me pasé noches enteras rastreando tus tacones, buscando tus huellas en mi cama aún a sabiendas de que sólo había sido un sueño. Quise inventarte a mi antojo para encerrarte en mi cabeza, para tenerte entre mis sábanas fiel esclava de mi imaginación, pero tú, puta carnal, eras demasiado sólida para hacerte etérea, demasiado real como para inventarte. Que mi fuerte capa a tu lado apenas era trapo de cocina, que mi velero un barco de papel que se deshacía en la alcantarilla. Yo, ese pobre bucanero enamorado.
Me pasaré el futuro que me queda huyendo de tus intenciones, apostando fuerte por la vida aún a sabiendas que ella a la mínima me vende. Negaré tu nombre tres veces antes del amanecer y para llevarme en lo más recóndito habrás de buscarme, muerte de mierda, porque no me dejaré agarrar tan fácil. Te saldrá cara mi cabeza. Será la leal capa la que cubrirá mi cuerpo, será mi velero el que me guiará hasta tu secreto. Yo, ese temeroso corsario sentenciado.
Y sí, me pasaré la eternidad riendo a la izquierda de Cristo, sentado en el trono de santidad puesta ya la corona en el único ojo que me representará. Beberé ron hasta la arcada y cantaré viejas canciones con voz ronca y ojos llorosos. Te sacrificaré a ti, hijo mío, para que borres de la humanidad mi nombre; sea entonces la capa roja mi sangre, sea mi velero rabiosa hoguera donde arderán mis ambiciones. Yo, ese rídiculo Dios negado, ese polvo de gloria ya olvidado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
grosoooooooooooooooooooooo!!!!!!!! DE BARRICADA EXISTENCIAL!!!!!!!!!!!!!!!!! TREMENDO!
Un placer y un halago que venga de su parte. Gracias!
Publicar un comentario