Haciendo limpieza en el "baúl de los recuerdos" me encontré con un viejo cuaderno que hacía mucho tiempo estaba olvidado, y no por nada en especial, simplemente puro desuso. El caso es que el cuaderno en cuestión es, sin duda alguna, una joyita literiaria capaz de arrasar en cualquier concurso literario de adolescentes malditos, doloridos o castigados por un mundo cruel que ha decidido cebarse en ellos. Ok, básicamente que es de risa.He pasado una mañanita estupenda leyéndolo de principio a fin, boludeando en algunos párrafos, avergonzado en otros y completamente asombrado en muchos. Y si bien puedo reconocerme en mis palabras, vislumbrar levemente la persona que se iba formando y que ahora soy, no recordaba ser tan jodidamente cursi, victimista o infeliz. En fin, les voy a dejar colgada una de mis estupendas creaciones dieciséis o dicisieteañeras para que descubran esa parte de mí que debiera mantener escondida y por alguna razón no hago. No es en absoluto la mejor ni la más rídicula (las hay espectaculares) pero digamos que con ésta abro una posible serie de "trapos sucios hommo-sapientes" que llevaré a cabo irregularmente hasta que al fin se me caiga, literalmente, la cara de vergüenza.
Ahí va: (atentos al título del tema)
DESDE UNA JAULA
Me encuentro en el valle de las dudas, frente a mí la montaña de la sabiduría, la cima de las respuestas, y no consigo llegar, me tropiezo con rocas de las decepciones, me enredo en los cardos de la amargura y me abrasa el sol de las mentiras.
¿Conseguiré algún día salir de este abismo? ¿podré mirar atrás y descubrir que estoy subiendo? ¿o me rendiré en el camino cobijándome en las cuevas de la rutina? Más preguntas que me adentran en el valle, y mientras la luna de las esperanzas comienza a menguar.
Estoy en la playa de la soledad, flota sobre el mar el barco de la amistad, no llego, me pincharon el flotador de la inocencia y me ataron la piedra de la desconfianza. El mar con sus olas de rencores me mira desafiante y yo me hundo en la arena de la miseria, mientras el aire a golpe de palabras me sala las heridas.
En pie sobre el edificio de la rabia, por encima de los tejados de la venganza, mientras me embriagan los humos de las desilusiones, los motores de la desidia. Ahogado entre un barullo de gente muerta y de vida infértil.
Me encuentro frente al cristal de hierro, fuera siento la calle de la libertad, no puedo llegar, no rompo el cristal, me encuentro encerrado escribiendo desde mi jaula.
Dicen que reirse de uno mismo es la mejor terapia para conseguir la autoaceptación, y no lo niego, sólo que creo que perderé todas las demás aceptaciones... Jajajajaa!!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario