
Nos conocimos en un poema. Ella era la palabra más suave del primer verso, yo la exclamación principal. Supimos que nos complementábamos desde el primer momento, a pesar de estar separados por un buen puñado de frases sobre desidias sociales y amores que no llegan. Creo recordar que fue ella la que me encontró, pues resabida con esa calma que da el haber vencido a la vida, intuyó bellezas en mí que yo, aun hoy, olvido si no son sus ojos quienes las nombran. Nos hicimos amigos. Nos crecimos tanto que nos transformamos en Himno.
Ella se convirtió en la entonación más aguda del estribillo, yo en el primer golpe seco del barítono. La vi subir hasta lo más alto, ella cierta vez me sorprendió conquistando el cielo. Entonces cada uno seguía su camino, alcanzaba sus sueños o cuando menos los perseguía, pero siempre había un lugar común en el que encontrarnos, en el que guiñarnos un ojo y darnos ánimos. ¡Qué boludez! justo cuando íbamos sobrando.
Mas quiso la crueldad que el canto de glorias se hiciera balada. Que nuestra suerte perdiera una base y nos arrastrara la tormenta. Ella fue a parar a la suplica final, yo al punteo de guitarra central. Cada uno tuvo de lidiar con sus propias miserias, apenas teníamos tiempo para buscarnos, enfrascados como estábamos en una lucha sin descanso, en un intento de recuperar las pertenencias y salir de allí corriendo. ¡Quién mierda recordará que alguna vez fuimos alados!
La encontré el otro día cuando caminaba cabizbajo por un réquiem. Yo era el final de la despedida, ella una coma expectante a caer de renglón en cualquier momento. Quise entonces sostenerla entre mis brazos, alejarla lo más pronto de la nada. Tuve que levantar la cabeza para hacerlo, ella tuvo que hablar para llamarme, y entre lamento y lamento, mientras nos reencontrábamos, noté como nos transformamos en silbido de esperanza.
Que no quede nuestra foto en un final para reprochar: "Esta moneda no tiene filo"
Ella se convirtió en la entonación más aguda del estribillo, yo en el primer golpe seco del barítono. La vi subir hasta lo más alto, ella cierta vez me sorprendió conquistando el cielo. Entonces cada uno seguía su camino, alcanzaba sus sueños o cuando menos los perseguía, pero siempre había un lugar común en el que encontrarnos, en el que guiñarnos un ojo y darnos ánimos. ¡Qué boludez! justo cuando íbamos sobrando.
Mas quiso la crueldad que el canto de glorias se hiciera balada. Que nuestra suerte perdiera una base y nos arrastrara la tormenta. Ella fue a parar a la suplica final, yo al punteo de guitarra central. Cada uno tuvo de lidiar con sus propias miserias, apenas teníamos tiempo para buscarnos, enfrascados como estábamos en una lucha sin descanso, en un intento de recuperar las pertenencias y salir de allí corriendo. ¡Quién mierda recordará que alguna vez fuimos alados!
La encontré el otro día cuando caminaba cabizbajo por un réquiem. Yo era el final de la despedida, ella una coma expectante a caer de renglón en cualquier momento. Quise entonces sostenerla entre mis brazos, alejarla lo más pronto de la nada. Tuve que levantar la cabeza para hacerlo, ella tuvo que hablar para llamarme, y entre lamento y lamento, mientras nos reencontrábamos, noté como nos transformamos en silbido de esperanza.
Que no quede nuestra foto en un final para reprochar: "Esta moneda no tiene filo"
Para los que sepan leer ella es (mi patria) Argentina y yo son aquellos que hicieron algo para defenderla.
Para los que no lo vieron/percibieron perdon por el tiempo perdido
Para los que no lo vieron/percibieron perdon por el tiempo perdido
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