Fuente de la juventud


Últimamente he tenido sueños raros, más que raros, extraños, y más que extraños, conocidos.
El soñar con la juventud.
Se podrá preguntar querido lector "¿Qué juventud si tú aún eres un joven?" y le podré responder "Cierto". Igualmente podría rebatirle con "¿Acaso sabe ud. cuando termina la juventud? ¿Acaso no es usted joven también? ¿Con que seguridad puede afirmar que yo ya no soy un joven? La juventud se va en secreto, sin saludar. Tal vez mientras estamos distraídos con bagatelas, frivolidades, por eso es imposible establecer el momento exacto en que uno deja de ser joven.", pero no se preocupe, dudo hacerlo.
Como venía diciendo, he soñado con la juventud; no mi juventud precisamente, sino con la juventud, la entidad de la juventud. Y como no escapa mi mente a ciertas leyendas, me soñaba incluso más joven y con amigos del barrio. En mi barrio todos creían en la existencia de la fuente de la juventud, nosotros desde muy chicos gastábamos tiempo y energía en buscarla, claro, a medida que pasaba el tiempo los esfuerzos se hacían cada vez mayores, y uno podría decir que, incluso, había quienes la estaban buscando sin saber que la estaban buscando. Y si uno tiene ganas de exagerar también podría decir que no hacíamos otra cosa que buscar la fuente.

Hay que decir que en cuanto a permanecer jóvenes, las creencias variaban. Hay quienes creían que las propiedades rejuvenecedoras no provenían exactamente de una fuente, sino de otras entidades. Mi sueño me llevó a recordar que los gitanos de Floresta decían que el pasaje Haití, le quitaba un año a quien lo recorría en dirección este, y le agregaba un año a quien lo recorriera en dirección oeste. Aquí no terminó mi travesía onírica pues me llevó a otra teoría que mi yo consciente había olvidado: Los brujos de Chiclana hablaban de "Inés", una especie de hechicera cuyos besos quitaban años y de cuya cama se salía adolescente. Obviamente me aventuré a buscar a Inés como correspondía, a fin de cuentas era mi sueño y en él puedo hacer lo que me venga en gana, y comprendí en tan solo media vida (una vida que dura solo una noche, puesto que cuando el despertador sonase, mi vida acabaría) que todas las mujeres eran "Inés", especialmente una morena hermosa que se llamaba Julia. Debo admitir que no la conozco, de hecho no se si existe, pero vio como es esto no... En la omnisapiencia de uno y sus sueños se sabe todo de todos, si bien ella nunca me dijo su nombre yo sabia perfectamente que era Inés llamándose Julia.
Otra teoría olvidada que me llevó a descubrir esta muchacha Julia fue en un viaje que tuvimos, mientras ella se ocupaba en salir de mi sueño (es decir de mi vida) recordé, y mas luego divisé, unos vendedores de un elixir: Ellos ofrecían un licor engañoso que provocaba la SENSACIÓN de ser joven. Algunos se contentaban con eso, entonces empezaron a protestar que "la juventud es solo un estado de ánimo" mientras se pegaban la dentadura postiza. Había otros que vendían un tónico que restituía la lozanía, pero solo por diez segundos. En ese viaje me encontré con el filósofo Manuel Mandeb (sí, Dolina hasta en mis sueños, pero no es nuevo para mi eso), quien afirmaba que existían fuentes de la vejez, unos estanques fatales que eran imposibles no hallar. Según me contaba Mandeb, sus aguas maléficas parecen estar por todas partes; el hombre que bebe de ellas va envejeciendo, haciéndose más débil, más triste, hasta que más tarde o más temprano: se muere.
Mi vida llagaba casi a su fin, el despertador estaba a punto de sonar y como me adelante a este hecho inexorable, decidí hacer lo propio y beber de la fuente cuyos atributos me resultaron más llamativos, casi podría afirmar que esa fuente estaba allí solo para unos pocos, solo para aquellos que se atreviesen a observarla, desperté en el momento en el que me encontraba bebiendo de la fuente. ¡Es más!, tanto es así que en mi boca y mi almohada yacía, también, esta agua al despertar.
Mi amigo lector debo confesarle el obvio resultado de haber bebido de la fuente de la verdad: "Nunca seremos más jóvenes que hoy", "Jamás volveremos a ver a nuestros muertos", "El tiempo no retrocede", "El amor perfecto no existe", "Hay un verso perfecto que siempre está a punto de revelársenos y que no escribiremos nunca". Para los hombres de verdad este no es el final se sus sueños, sino más bien: el principio.

No hay comentarios: