Uno de esos días.
Pues sí, hay días que me duele todo, hasta lo que me es ajeno. Hay mañanas que me levanto con los poros abiertos como cráteres y todo se cuela dentro, todo golpea en los huesos, todo acrecenta la nube negra que se posa en mis ojos. Mi madre dice que yo soy hipersensible, quizá por haber pasado gran parte de la niñez viendo lo que hacían los demás desde mi urna de cristal, desde mi palacio de higiene y aire puro. Cuando ella dice eso yo asiento y le doy la razón, pero son otras las explicaciones que me vienen a la cabeza, son otros los monstruos que justifican mis profundos silencios, mis ovillamientos, mis distanciamientos de los quereres ajenos.
Quizás tenga que ver con que a los diez años me hicieron añicos, y aunque ya se preocuparon de recomponer mis cachos hubo uno que jamás nadie encontró. Quizás tenga que ver con que vi cosas que un niño nunca debiera ver. Ni un adulto. Quizás porque tuve que aprende a mentir muy pronto, a inventarme otros mundos para no romperme a pedazos, a fingir una realidad y a pintar la mejor de los sonrisas con una pluma a la que ya no le quedaba tinta. Quizás porque mis armas hube de hacérmelas a mano, porque juré una venganza cuando aún no conocía ni su significado, quizás porque me hice mayor muy rápido, cuando aún era pequeño.
Y fíjate que estúpido es el asunto, que es algo que considero superado, que no vivo de penas ni juego el roll de víctima, aunque a veces reclame mi derecho a llorar, a que me tengan piedad, a que suspiren en mi presencia. Y sí, mira que estúpido, que hablo de fantasmas desterrados, de pasados superados y de oscureces iluminadas y aún hoy, a mis 20 años, soy incapaz de abrir ese cuaderno que escribí de niño, ese que guardo en una caja y que miro de soslayo; cuando me hace temblar.
Qué le vamos a hacer, para ciertas cosas no tengo valor, para ciertos recuerdos me autoproclamo ratón, cucaracha o insecto y me escondo bajo la cama con el rabo entre las piernas y por no sentir... no siento ni vergüenza.
Y hoy, con 24 me recuerdo a mi mismo y digo que la vida te hace mierda de a poco y a veces de a mucho. Pero recuerdo mi vida como algo gratificante igual, no hago leña del árbol caido, no me mofo de mi suerte, ni reniego del pasado. Ese pasado que algunos los tenemos guardado o secreto y otros lo relucen como trofeo, ese mismo es el que garantiza que yo sea como soy, es el que de alguna forma tomo parte en mi estructura, de la cual no reclamo, porque hoy soy exactamente lo que quiero ser.
Quizá cosas que quiero tarden un poco más, pero tengo dos seguridades: Las tendré y no las perderé.
Una vieja frase reza: "No tendré todo lo que quiero, pero quiero todo lo que tengo"
Hoy la cobardía del pasado caducó, ese cuaderno que escribí de niño no es más un recuerdo temeroso, es una garantía de mi ser.


2 comentarios:
nada mas hermoso q escribir algo para uno mismo, para el bien propio.
nor malmente los textos q son para desahogo me aburren terriblemente y trato d evitarlos, pero cuando es algo asi, es como si en parte fuera una forma muy muy sutil de enseñar como se puede avanzar.
Gracias Ingrid, obviamente mi intención no es enseñar nada, no soy apto para tal efecto.
Releyendo, me asombro de mi propia resiliencia incluso. Pero si esto de algún modo sirve para que sse comprenda que no hay nada que no se pueda superar, bienvenido sea!
Saludos y superaciones.
Publicar un comentario