Mis ochenta preguntas reflexivas

Acabo de leer en el blog de un amigo, un post sumamente interesante y me gustaría compartirlo con ustedes. Espero les haga reflexionar varias cosas como a mi.


Mis ochenta preguntas reflexivas


Pobreza, riqueza, ética, responsabilidad, paz, conflictos, guerras, libertad, dominio, energía, ecología, cultura, comunicación, ciencia, tecnología y perspectivas personales, todos son temas que siempre me han interesado, pero que por desgracia nunca los he comprendido. Y por más que me documente o me entere todos los días sobre ellos en los libros y en los medios de comunicación, les aseguro que me considero cada vez más un perfecto imbécil. Sí, eso es, un perfecto y único imbécil (aunque, preferiría mejor emplear la caracterización de perturbado mental) que se avienta solo contra la corriente, escribiendo ficciones y masturbándose siempre con sus esperpentos literarios. Sí, así es, por eso que ya hace rato que he perdido también la esperanza de que un día este mundo se mejore y todo marche más en paz y armonía, como uno siempre lo desea.


Por otro lado, creo que es una gran suerte que todavía goce de cierta libertad para decir o escribir algunas cosas, este, quiero decir mejor por ahora y no me controlen también un día la información como a Julian Assange de WikiLeaks, o me metan palo con calabozo, igual que al recién coronado Nobel de la Paz chino, Liu Xiaobo. Y bueno, qué más les puedo decir, quizás todo este estado de ansiedad situacional paranoico mío (o, si quieren, llámenlo pajazo mental), se deba también a mi pobre, pobrísima capacidad de adecuarme a los demás. Aunque, pensándolo bien, me inclinaría más a esa ferviente devoción mía de no conformarme nunca con todos esos problemas del mundo y que, no sé, quizás por miedo, comodidad u oportunismo, preferimos mejor quedarnos callados todos.


Ah, sí, y otra cosa, desde que escribo mis artículos (no quiero decir que para unos interesantes –creo que pecaría de exagerado- pero sí comprometedores, y para otros, vale decir la mayoría, más bien escandaloso) en mi Blog / Flujanz, y encerrarme desde hace un tiempo en mi cuarto como autista para intentar parir más adelante otra de esas criaturas literarias mías llamadas, novela, ¡carambas!... no sé por qué se me hace siempre tan difícil encontrar las respuestas adecuadas a una serie de preguntas que me acechan siempre los pensamientos, como si me persiguiera una enfermiza obsesión, un síndrome, o yo qué sé. O, no sé, tal vez sea por ese desbordado espíritu perfeccionista mío con complejo de querer aclarar a todos siempre las cosas, que me conduce perpetuamente a buscar una explicación a toda esa mezcolanza de temas ya arriba mencionados y que, aunque no quieran aceptarlo, nos afecta también directa o indirectamente a todos.


Por eso, sí, por eso mismo, mis queridos lectores y aún fieles seguidores de Flujanz y de todas mis otras bazofias, y ya que hasta ahora he sido incapaz de obtener también un hilo sensato de explicación a todo ese revoltijo de asuntos que me perforan siempre la cabeza, que me atrevería a pactar de corazón con ustedes para que no sean solamente mis lectores, sino, además, cómplices en esta apasionada búsqueda hacia una definición adecuada y sincera, respondiendo en silencio y sólo para ustedes también esta batería de ochenta preguntas (o si quieren, pónganles el sello de reflexivas), y que yo mismo he ido registrando concienzudamente también en mi fichero de apuntes personales.

Sobre paz, conflictos y guerras...

1- ¿Qué relación tiene la política con la violencia?
2- ¿Es acaso más peligrosa una bomba atómica fabricada en Irán, que una hecha por los americanos, israelitas o franceses?
3- ¿Por qué hasta ahora no hay paz en el Medio Oriente?
4- ¿Por qué es que, cuando una de las potencias mundiales aplica su violencia, se le llama “autodefensa”, en cambio, si eso mismo lo hiciera un débil, pues entonces se le llamaría simplemente “terrorismo”?
5- ¿Quiénes son los que en verdad se benefician del terrorismo?
6- ¿Estados Unidos, en vez de destinar anualmente un presupuesto de más de un billón de dólares sólo para armamentos, por qué no invierte esa misma suma mejor en otras cosas?
7- ¿Cómo se podría dar punto final a la criminalidad y corrupción bancaria?
8- ¿Es posible que exista otra versión más moderna sobre el colonialismo?
9- ¿Cómo se podría neutralizar la violencia, rabia y odio?
10- ¿Entre resistencia pacífica o guerra armada, hacia dónde en realidad nos movemos?

Sobre pobreza y riqueza...

11- ¿Son los mercados acaso más poderosos que los gobiernos?
12- ¿Si orientamos –y tal como, al parecer, ya lo es- todas nuestras acciones en función solamente a la economía globalizada, qué es lo que entonces valdría más la pena: seguir apoyando la democracia o consolidar más una dictadura?
13- ¿Si sabemos que la producción de alimentos en el mundo debería en verdad alcanzar para todos, por qué es que entonces la mayoría todavía se muere de hambre?
14- ¿Por qué todavía se sigue discriminando a la mujer?
15- ¿Es acaso tan difícil estructurar un sistema económico que no entre siempre en conflicto con los derechos humanos, ni con los animales, ni el planeta en general?
16- ¿Si sabemos, según la teoría de Charles Darwin, que la vida del hombre evolucionó primero en el África, por qué es que entonces los países africanos aún siguen siendo mucho menos desarrollados que los de occidente?
17- ¿Son acaso los países del occidente ricos porque los del tercer mundo son pobres?
18- ¿Es nuestro sistema económico quizá corrupto?
19- ¿Cuál sería el mejor camino para ayudar a los países subdesarrollados: la micro o macro financiación?
20- ¿Cómo así se jactan siempre las potencias del occidente de invertir mejor en otros países ya que su propia producción es muy cara, y pregonan a su vez con miedo siempre el rápido avance industrial en China, como si se tratara de una amenaza?
21- ¿Será posible que un día el capitalismo entre en desuso?

Sobre ética y responsabilidad...

22- ¿Es por su egoísmo que fracasa acaso también el hombre?
23- ¿Nosotros, como humanos, qué responsabilidad asumimos frente al SIDA en África?
24- ¿Es la educación para nuestros hijos siempre lo mejor?
25- ¿ Asumen, hoy en día, las empresas también una responsabilidad social?
26- ¿Cómo así se pretende que una sociedad sea equilibrada y armónica, si vemos que en los puestos importantes aún se subestiman los valores de la mujer?
27- ¿Será acaso posible hacer prevalecer los derechos universales humanos, respetando también los valores tradicionales y religiosos de cada uno?
28- ¿Por qué la vida de unos tiene más valor que la de otros?
29- ¿Si de pronto eliminásemos todas las drogas en el mundo, se erradicarían acaso también muchos padecimientos?
30- ¿Cuándo o en qué circunstancia sería justo y necesario quebrantar una ley?

Sobre libertad y dominio...


31- ¿Es el camino hacia la democracia siempre el mejor?
32- ¿ La libertad, en el buen sentido de la palabra, depende acaso en qué parte del mundo uno viva o provenga?
33- ¿Por qué no podemos elegir el lugar dónde en verdad desearíamos vivir?
34- ¿Sólo como para asegurar también el bien común, qué porción de mi libertad personal y responsabilidad social estaría dispuesto a dar?
35- ¿Cómo se vería o sería hoy en verdad el mundo, si es que el americano no hubieran traído nunca para sus tierras a los africanos como esclavos?
36- ¿Sólo en pro de nuestra propia seguridad, cuánto de nuestra libertad estaríamos dispuestos siempre a sacrificar?
37- ¿En qué medida necesitamos de los organismos internacionales para que nos resuelvan siempre nuestros propios problemas regionales-domésticos?
38- ¿Qué sentido tiene “el Derecho Internacional” si vemos que sus mecanismos y reglas nunca prevalecen?
39- ¿Qué significa en verdad ser valiente?
40- ¿Acaso podría ser posible que la mayoría de los países de este planeta también subsistan sin la tutela ni la influencia siempre de los Estados Unidos?
41- ¿Cómo se pretende ser un ciudadano decente y honrado, si vemos que son siempre sus mismos gobernantes que se rigen para satisfacer solamente sus propios intereses?

Sobre energía y ecología...

42- ¿Qué tan observadores somos en realidad nosotros, los humanos, como para reconocer que también formamos parte de la naturaleza?
43- ¿Qué puedo hacer yo mismo y para los demás, como para contribuir a disminuir en algo las catástrofes naturales?
44- ¿Existe, por si acaso, un límite de valor ecológico que esté también en función al crecimiento de la economía?
45- ¿Qué pasaría si cada ciudadano chino quisiera un auto o, peor aún, si es que lo tuviera?
46- ¿Quiénes son los que administran los recursos que nos da la tierra?
47- ¿Por qué la mayoría de alimentos son de tan mala calidad?
48- ¿Por qué, en todas partes, es más fácil tomar una “Coca Cola” en lata que beber agua fresca de un caño?
49- ¿Será acaso tan difícil de que todos tengan el derecho de tomar agua potable sin que haya también conflictos?
50- ¿De qué medidas de emergencia y prevención mundial en verdad hablamos siempre, si vemos que seguimos consumiendo esas exorbitantes cantidades de petróleo, destruimos nuestra fauna y flora, inducimos los drásticos cambios climáticos, y, peor aún, contribuimos a que la pobreza y enfermedades en el mundo aumente también cada día más?
51- ¿Cómo me imagino la ciudad del futuro?

Sobre cultura y comunicación...

52- ¿Ocultamos, por si acaso, una historia importante que aún a nadie se la hemos contado?
53- ¿Los medios de comunicación sirven en realidad para que mejoremos, o se trata más bien de un problema?
54- ¿Cómo así establecer mejor los hechos y realidades, si ambos, hoy en día, también se pueden fabricar?
55- ¿Por qué creemos más en la “nacionalidad” que la misma “humanidad”?
56- ¿Por qué no se le nombra al afro-americano simplemente “Americano”, o es que al hombre se les debería definir sólo por su color y raza?
57- ¿Qué podríamos aprender de África?
58- ¿Si sabemos que la televisión es un medio de gran influencia, por qué entonces la utilizamos sólo para ver cosas no relevante y de bajo contenido formativo?
59- ¿Qué mitos deberíamos crear para que todos percibamos un Mundo diferente, mejor?
60- ¿En este pleno siglo veintiuno, será acaso posible vivir todavía como nativos?

Sobre ciencia y tecnología...

61- ¿Cómo podría contribuir el Internet y la computadora para el desarrollo social y económico de las comunidades pobres?
62- ¿Desde que usamos el Internet en casa, nos sentimos también más controlados y acobardados que antes?
63- ¿De qué modo nos beneficiaría una nueva tecnología que nos traería a corto plazo muchas víctimas, pero que, en cambio, en un periodo más largo nos otorgaría también un gran avance para la humanidad?
64- ¿Qué tipo de estudios de Ingeniería genética estaríamos dispuestos a aprobar, si es que sabemos de que se tratan para corregir algunas fallas e imperfecciones de nuestro cuerpo?
65- ¿Es posible domesticar al hombre solamente con la tecnología?
66- ¿Qué objetiva es en verdad la ciencia?
67- ¿Por qué no derogamos mejor todos los derechos de autor y de patentes que existen en el mundo, y así fomentaríamos sin restricciones también la libre creatividad e innovación para todos?
68- ¿Qué pasaría si un día efectivamente la computadora reemplace por completo al cerebro del hombre?
69- ¿Si, en estos últimos cincuenta años de boom tecnológico, el hombre no hubiera utilizado mayormente ese avance a favor de sus propios intereses militares y económicos, qué sería en verdad hoy de la humanidad?
70- ¿Por qué es que, para la mayoría, el factor tiempo significa solamente estrés?

Sobre mis perspectivas personales...

71- ¿Cómo sería el futuro que yo en verdad deseo?
72- ¿Qué es lo que me impulsa a ser siempre único y diferente de los demás?
73- ¿Cuáles son mis ídolos?
74- ¿Qué temas elegiría como arte y por qué?
75- ¿Qué valores principales me han enseñado de niño?
76- ¿Qué es lo que debería de experimentar, leer o ver siempre un joven para que un día quizás cambie esta tierra y la haga también mejor?
77- ¿Qué significa en verdad Dios y la religión?
78- ¿A pesar de ser tantos en este mundo, cómo es posible entonces que a veces nos sintamos tan solos?
79- ¿Si tuvieras que darle un pedazo de tu saber a la tierra, qué pedazo le darías?
80- ¿Cómo haría para que todo el mundo siempre me escuche?


Por Flujanz

Preguntas


Los interrogantes son muchos. ¿Por qué bailan los árboles? Porque el viento; ¿Y por qué el viento? Porque Dios. Misterio. ¿Por qué en todo el mundo, detrás de todas las ventanas de todos los rascacielos, dos seres se aman?; ¿Por qué, sin embargo, la soledad puebla a tantos de esos seres? ¿Por qué el valor de la bondad? ¿Y por qué la voluntad de la alegría?

¿Y por qué -para quien se atreve al amor- hay un sólo hombre o una sóla mujer, que es recreo, soplo de infinito, fiesta del poema, sed, suelta de pájaros?

¿Y qué hay en el Universo semejante a la música? ¿Por qué el arte quiere al artista incorruptible, para él? Esclavo. ¿Y por qué la capacidad de recuperación del ser humano, gracias a la cual, sobrevivientes de torturas pueden crear, creer, amar? ¿Porqué la fiesta de la vida y la insolencia de la muerte? ¿Y por qué el poder de una caricia?

No sé. No cargo casi respuestas. Hommo-Sapiens es mi nombre y como tal debo tener mas preguntas que respuestas en mi haber, pero sospecho que a los enigmas no hay que escaparles, mucho menos despreciarlos. Los invito a estimularlos.

Te sigo. Capítulo 4. Dos punto cero

“El mundo es un pañuelo, y el pañuelo está en mi bolsillo”. Excelente tuit, y por supuesto ha sido valorado como tal. Los “RT” se producen cuando otro “tuitero” repite un mensaje, por considerarlo merecedor de ser leído por más gente. Mi tuit del pañuelo ha sido premiado con tres RTs, incluído uno de @Hommo_Sapiens. Algunos dicen que utiliza la ironía de vez en cuando, pero mi mensaje era tan bueno que descuento la admiración de su parte. Estoy bien encaminado.

Ya hace una semana que dejé de trabajar, y las cosas no podrían haber salido de mejor manera. Logré sumar treinta y dos seguidores, y solo he perdido veinte. La pérdida de seguidores es un fenómeno normal en Twitter, y se produce por un “decantamiento natural de preferencias”, o eso he leído en alguna parte. No alcanzo a entender las razones por las que algunos deciden irse, en definitiva, pero tengo un saldo positivo de doce seguidores, y es lo único que importa. Sumar.

He contactado por lo menos a diez personas más, y es cuestión de tiempo para que al menos tres de ellos me sigan. Ya han contestado uno o más de mis mensajes. Hay ciertas reglas que no son fáciles de entender. Por ejemplo, lo natural sería buscar una persona famosa y pedirle que haga un RT de tu mensaje, y de esa forma conseguir seguidores adicionales. Pues bien, no funciona así, y hay una legión de reidores que se mofan de ese tipo de situaciones. Lo sé porque lo he sufrido en carne propia. De hecho antes del usuario que estoy utilizando ahora, tenía otro distinto, y el desconocimiento de las normas de etiqueta me obligó a cerrarlo. No cometeré nuevamente el mismo error.

Los famosos han probado ser un pan más duro de roer. ¿O será queso? Los ratones roen, y los ratones comen queso, así que debería ser queso. Mejor lo anoto porque de acá puede salir otro tuit excelente.

Volviendo a los famosos, hay un notero de un programa de radio que sigue a uno de mis seguidores, y si bien este todavía no ha hecho un RT de alguno de mis tuits, es cuestión de tiempo antes que lo haga y yo pueda ser leído por alguien con miles de seguidores (creo que al día de hoy el notero llega a los tres mil ciento veinte).

Incrementar seguidores me permitirá ponerme en un plano de igualdad con los famosos de Twitter, que también lo son en la vida uno punto cero. No entiendo como no hay más gente que decide ir por el mismo camino.

En esta semana también creé mi blog, y será un éxito total. Muchos se han hecho millonarios con publicidad, y yo voy hacia allí. La gente todavía no pasa mucho, y los que pasan no comentan demasiado, pero es comprensible, es nuevo. Pero innovador. Después de analizar con cuidado sobre qué escribir, encontré varios sitios en inglés realmente populares. Con el traductor de Google los pasé al español, y creo que cuando se vean, podré sumar fortuna a la fama que se viene.

Tampoco me puedo quejar de la mujeres. Todavía no pude conocer a ninguna, pero los prospectos son inmejorables. Me concentré solo en las lindas, como debe ser, y varias me contestan mis mensajes, aunque todavía no he logrado que me sigan. Este es un paso fundamental para poder hablarles en privado. De ahí a la cama hay solo un paso. Fama y cama: otro tuit prometedor.

Y he dejado lo mejor para el final, porque ahora en breve comienzo la primera transmisión desde mi “Twittcam”, que no es otra cosa que una cámara vía Internet, que me permitirá darme a conocer tal y como soy. Tengo una camisa nueva y las pruebas de sonido resultaron excelentes. El ser tartamudo me ha causado alguna complicación en la vida real, pero estoy seguro de que por Internet no se notará. Estoy practicando.

Anoto todo este proceso cuidadosamente en un cuaderno, porque sin duda cuando sea famoso me pedirán detalles de cómo logré destacarme en la “vida dos punto cero”. He pensado escribir un libro al respecto. O mejor aún, contratar uno de esos escritores muertos de hambre que andan por ahí de a por miles, y que escriba el libro por mí.

El único problema es mi hermano, que no deja de molestarme, de insistirme con que salga de “la pecera” en que estoy metido, según él. ¿Qué motivos podría tener alguien para visitar un mundo hostil cuando hay otro mucho más agradable, y en el cual es ciertamente exitoso?

Algún día volveré a la vida uno punto cero, la “vida real”, como le dicen algunos, pero no será como un ignoto participante, ni siguiera como un seguidor de tendencias creadas por otros y para beneficio propio. No. Soy un líder y aquí es donde empiezo a demostrarlo.

Capítulo 3. Me seguis
Capítulo 5. Twittcam

Una historia de Blog




El mundo del blog nos lo pueden vender de cualquier manera: que es un lugar en el que cada uno expresa lo más íntimo de si mismo, un país al que no le delimitan fronteras aún menos barreras, el espacio donde las palabras son las reinas indiscutibles, el mundo en el que cada cual puede ser cualquier cosa, una posibilidad de hallar información o contrainformación, la nueva forma de literatura o periodismo... en fin, que las posibilidades son tantas como blogeros para nombrarlas haya, pero sinceramente, para mí, no es más que un reflejo más de lo de todos los días, sólo que cambiando el soporte.

Ni el blogomundo es el país de las maravillas ni un montecito de insurrectos revolucionarios que se enfrentan al sistema. Seamos serios, esto no es más que una especie de email bastante más currado al que puede acceder todo el mundo, por lo que pierde tanto lo extraordinario como las universales intenciones, si es que alguna vez las tuvo. Lo que tiene la blogosfera es que es divertida, que es anónima, que hay un poco de todo y que uno puede entrar o salir a su antojo sin dejar huella, sin dar razones, sin compromiso alguno. Un lugar de encuentro con los demás que desaparece u aparece en cuanto giras la cabeza. Así de simple.

Uno puede hacer o decir lo que le de la gana sin mayores consecuencias, y eso es lo que más nos gusta. Y disgusta. Porque reconozcamos que por mucho que adornemos al blogomundo con la desvalorizada palabra libertad somos los primeros en exigir límites, normas o moralinas a la primera de cambio. Y dejenme ponerles un controvertido ejemplo que valdrá las protestas de más de uno, sirviendo así el ejemplo de ejemplo.

Recuerdo el día que oí hablar de los Borjamari, por lo visto eran una panda de canallas mal nacidos que iban de blog en blog sacando lo peor de cada uno de ellos, criticando sin conocimiento, desmigajando a mala gana, buscando la bronca, el daño y la publicidad, por supuesto, que de esta parte egocéntrica no se libra nadie. Recuerdo que antes de que se me ocurriera pasar por su página a ver qué mierda era aquel terrible monstruo leí sobre ellos en varias entradas, sin que despertasen demasiado mi atención... hasta que tras un interesante debate decidí visitar a aquellos que venían a ser el Tomate del blogomundo. Qué quieren que les diga, nada más entrar en su página leí "sólo opiniones personales" y para mí, con esa frasecita, se terminaron las polémicas, los enfados, las indignaciones y el monstruo: unos tipos que dan su parecer sobre las páginas ajenas y la blogosfera en general, que a ratos dicen verdades como puños, que a ratos aburren enormemente. Al fin y al cabo un blog como otro cualquiera, son los demás los que le conceden importancia.

Pero a lo que venía a decir con esto es que lo que más me impresiona es la saña que tienen sus víctimas, los lectores de sus víctimas y los lectores en general de querer erradicar ese blog maleducado e insultante; diganme ustedes quién carajo se puso el título de juez, policía o santa inquisición blogosférica. Si no te gusta no lo leas, si te insulta... puta!, no lo creas, no es más que un tipejo como vos y como yo que cada vez que se aburre se sienta delante de la pantalla. Qué manera de dar poder. Qué ganas tan estúpidas de levantarnos barreras nosotros mismos, de hacernos callar la boca, de plantar leyes y morales donde no las hay, con lo dañinas que son. Y no quiero que esto se entienda como un alegato a favor de los Borjamari, que ni siquiera es un blog que me divierta, simplemente defiendo la opción de cada cual de decir lo que le plazca, especialmente cuando ya es sabido que las palabras sólo cobran sentido en los oídos de los demás.

En fin, insisto en eso de que la blogosfera nos la pueden vender como les de la gana, pero lo que está claro es que más allá del teclado es absolutamente inofensiva. Además, bastantes censuras hay ya tanto en mi vida cotidiana como en mi mente prejuiciosa, así que entenderán que no suela venir por acá para aumentar el número.

Te sigo. Capítulo 3. Me seguis

Una de las peores cosas de ser policía son los llamados a las cuatro de la mañana, y más aún si tenés familia. Tu esposa se despierta antes que vos y si no llora cuando te vas es porque ya está cansada de hacerlo. Cuando el madrugón es para identificar un cadáver, la cosa es todavía más difícil. Si el cadáver es el de tu hermano es peor, mucho peor.

Tengo que apoyarme en un auto para no caerme, y el agente lo percibe.

-Señor, ¿está bien?

No le contesto, por supuesto. Demostrar debilidad frente a un subordinado es el primer paso hacia la vergüenza. Me arrodillo junto al cuerpo de Carlos. Veinticinco años. Mi hermano menor. Le acaricio la cara y casi me parece verlo sonreír. Un revólver está tirado a dos metros del lugar donde el yace muerto, y la culpa me sacude. Es un regalo mío.

-¿Quién lo encontró?

-Un llamado a la comisaría, hace alrededor de una hora. Anónimo.

No hay ambulancia, y si el disparo no fuera en la cabeza probablemente hubiera muerto igual. ¿Qué carajo pasa con las ambulancias en este país?

Lo acaricio por última vez y me pongo de pie. Acabo de decidir que no será un juez quien encierre al hijo de puta que lo mató. Ni un juez el que lo deje ir después de diez años. No. Esta vez no. Pero para eso tengo que actuar rápido, y no hay mejor momento que el ahora.

Olivos a esta hora está tan muerto como mi hermano, y es la mejor forma de averiguar las cosas.

La gente de la policía científica ha llegado y hay fajas por todo el lugar. Una pérdida de tiempo y recursos. La verdad no está ahí. Mientras ellos tratan de tomar huellas dactilares que no existen y miden ángulos cuyo significado es puramente teórico, me alejo del lugar.

Camino contra el sentido del tráfico, ahora inexistente, hacia la estación. A una cuadra veo lo que necesito. Un linyera trata de esconderse en el zaguán de una rotisería cerrada. Las primeras respuestas no están lejos.

El procedimiento sería interrogarlo con el respeto que todo ser humano merece, y convencerlo de las bondades de decir la verdad. La sociedad depende de que cada uno de sus miembros se ayude, y su cooperación será apreciada por la comunidad toda. Lo levanto y lo escondo en el zaguán. A la segunda trompada tengo que pedirle que hable más despacio.

-No sé, no vi nada. Escuché un grito de una mujer, un disparo, y después un hombre pasó caminando tranquilamente por acá, y se subió a un auto en la esquina. Le juro que no vi nada más. Por favor, no me pegue más.

-Buscate otra esquina – le digo, mientras le tiro un billete de cien pesos. Este tipo no será testigo de un juicio que no exista.

Lo que sigue es todavía más fácil. Hay una farmacia en la esquina opuesta a donde estaba el auto del tipo que mató a mi hermano, y gracias a Dios, una cámara. La farmacia está cerrada, pero veo que está integrada a una casa. Veinte minutos después el dueño de la farmacia ha despertado, cooperado y entregado la grabación de la cámara. Marca, color y patente del coche están grabadas a fuego en mi memoria.

Todas las llamadas de la radio quedan grabadas en un disco rígido, así que no la utilizo para llamar a la seccional. Mi celular también implica ciertos riesgos, pero menores. El operador tarda menos de diez minutos en brindarme la dirección de una casa en el barrio de Colegiales, ciudad de Buenos Aires.

Cuando cruzo la Avenida General Paz dejo formalmente de tener jurisdicción para actuar como policía, pero ya he decidido dejar de serlo por esta noche.

A las seis y media de la mañana me encuentro en Colegiales, frente a una casa de dos plantas, antigua pero bien conservada.

Tengo la sangre caliente pero no puedo simplemente entrar y matar al tipo. Pienso en mi hermano, pero también en mi esposa y en mis hijos. El tipo se va a morir, dentro de muy poco, pero no voy a darle la satisfacción de ir preso por él.

A las siete y media se abre la puerta y sale una mujer con dos chicos que rondan los diez años. El niño quizás algo mayor, tal vez doce o trece. Agradezco no haber entrado a sangre y fuego. Nunca hubiera podido hacer fuego con un niño en el medio, y estoy seguro de que quien mató a mi hermano no tendrá esos pruritos. Sean o no sus hijos.

En el mismo momento, y antes que se cierre la puerta, una figura masculina se asoma y recoge el diario que está tirado junto a la puerta. Mi espalda se tensa y reconozco en él a la persona de la grabación. Estoy viendo al asesino de mi hermano mientras recoge el diario y vuelve a su casa, siguiendo la rutina de todos los días. El tipo levanta la cabeza y mira alrededor, como si buscara algo, con tranquilidad. Pienso que puede haberme visto pero descarto la idea, mi auto es similar a los del resto de la cuadra, y estoy bien agachado. No, no me vio.

Una hora después lo veo dejar su casa con un maletín en la mano, y subirse a ese auto cuyo modelo, color y patente coinciden con los de la grabación, arrancar despacio y dar vuelta a la esquina. Ha ido a trabajar como si nada hubiera ocurrido.

A esta altura ya tengo toda la información que necesito sobre el tipo, y algo más. Algo que no esperaba encontrar.

El apellido me sonó conocido, y antes de que el sargento me leyera el resumen del caso por teléfono, ya había recordado todo. Carolina Pérez, Carito para sus amigos y familiares, dieciséis, encontrada a diez cuadras de la estación de Colegiales, en marzo del año pasado. Violada y por supuesto muerta. Ignacio Pérez, su padre, el asesino de mi hermano.

Recuerdo también las noticias de la época, la aparición de los padres en todos y cada uno de los medios de comunicación, las marchas y la terrible tristeza del momento en que se constató su muerte. La ausencia de un culpable. Mi esposa lloró.

Ese dato le ha prolongado la vida a Pérez, y también me ha empujado a meterme en su casa, forzando la puerta. Veo un living pequeño pero ordenado, y un comedor con cinco sillas. Una de las cuales me pesa saber que no se usa todos los días. Veo fotos de los chicos, que tienen la edad de los míos, y de Carito soplando las velas de una torta de cumpleaños.

He matado antes, pero nunca como ahora me empieza a pesar la decisión. ¿Qué puede llevar a un tipo como este a matar a mi hermano? ¿Cómo puede la locura de perder un hijo convertir a un hombre común en un asesino?

El resto de la casa es normal, pero hay una puerta, al lado de la cocina que me intriga. Está entreabierta, lo que me sorprende porque tiene una cerradura de seguridad, más otra electrónica. ¿Quién tiene ese tipo de protección y para qué? Y sobre todo, ¿por qué no lo usa?

Una escalera angosta me lleva hacia abajo, y cuando llego al interruptor de luz pierdo todo el aire de golpe. Las paredes están llenas de fotos de chicas, casi niñas, abusadas de forma atroz. Y hay una carpeta abierta que con gráficos que entiendo a la velocidad de la luz. Una línea de tiempo marca las actividades de alguien identificado como @SoyTrini, y otra la de alguien llamado @Kampeon69. Las líneas se cruzan en un calendario, y la fecha es la de ayer. La “declaración” que el linyera me dio en el zaguán completa el escenario que necesito, y me doy cuenta de que Pérez no es lo que parece.

Veo cada dato y entiendo a Pérez como si fuera parte mía. Todo coincide, todo, y los agujeros que aparecen, los lleno yo con el conocimiento que tengo, que tenía, de mi hermano.

Algunos episodios de violencia me vienen a la mente como latigazos. Mi madre, quejándose de una bofetada de mi hermano; un llamado de alguna novia suya pidiendo mi protección, a las doce de la noche. La madre de su hijo, de tres años, oponiéndose con fiereza a un régimen de visitas.

Hay algunos hechos más, pero a esta altura yo estoy sentado en la silla de Pérez, con la cabeza entre mis manos. No sé cuánto tiempo transcurre, pero cuando me recupero, Pérez está delante mío con un arma en la mano. Entiendo de golpe que sí, que me vio al buscar el diario, y que cualquiera de estas computadoras que tiene le dijeron con precisión quien soy, y quien era mi hermano. Y la razón de que la puerta del sótano estuviera abierta.

-Sos hermano de Kampeón- me dice sin ningún rencor en la voz.

-Carlos. Se llamaba Carlos.

-No quise matarlo, ¿sabés? Tenía un revólver.

Un revólver. Mi revólver. El regalo que lo mató, porque no tengo duda que sin eso él estaría aún vivo. Asiento, sabiendo que jamás saldré de ese sótano. No con vida. Y lo que es aún peor, sabiendo que el Pérez tuvo razón. Mi hermano, con lo que lo quise, era un hijo de puta con todas las letras. Nunca lo supe ver, y ahora ya es tarde.

La idea de suplicar se me pasa por la cabeza pero la descarto de plano. Este es un tipo decidido. Ha hecho lo que tenía que hacer para vengar a su hija, y hará aún más por proteger a su familia. Miro el caño del arma a centímetros de mi cabeza y me resigno.

-Vos tenés hijos. Y no hiciste nada. Esto es mi culpa.- me dice con firmeza, y mirándome a los ojos.

Pérez gira el revólver y lo apoya en la mesa. Pone sus manos al costado, completamente vencido. Se está entregando.

Me levanto y sin un gesto, sin un sonido, dejo la habitación del dolor a mi espalda. No tengo miedo de Pérez, ni rencor.

Recién cuando me siento en el auto veo que no será fácil lo que viene, y empiezo a llorar por mi hermano perdido. Perdido hace más años de los que quiero recordar.

Nunca volví a saber de Pérez.



Capítulo 2. El camino de la infamia
Capítulo 4. Dos punto cero

Nos estamos idiotizando!



Es evidente que nos estamos idiotizando, asimplificando, subnormalizando. Pareciera que la evolución es realmente una desvolución no ya a nuestros orígenes de simios... sino de cucaracha, de insecto o de pez, con un cerebro que crece generación tras generación produciendo unas neuronas que morirán vírgenes, completamente inutilizadas, o lo que es peor, empleadas en almacenar boludeces, es decir: desperdiciadas.

Pareciera que hemos perdido nuestro espíritu crítico, nuestra capacidad de elegir por nosotros mismos, el maravilloso dicho de "sobre gustos, no hay nada escrito". A estas alturas de nuestra existencia nos lo tragamos todo como infantes, zampando la papilla sin ni siquera mirar de qué está hecha, basta con que nos la den, con que nos la acerquen a la boca para que nos la comamos sin chistar, y encima hasta digamos que está buena.

Sin individualidad, una masa informe de subnormales que cantan "Oh! mamá ella me ha besado" como si fuese la mejor canción jamás escrita, y encima me la quieren justificar con estupideces como que la fama es para todos, o que la risa está por encima del buen gusto. Cantantes clonados que me hacen una mezcla de tecno-pop en cuyas letras ha de salir, al menos tres veces, las palabras "sol", "luna" o "mi amor", literatura de quinceañera en la que basta poner "amor" o "paz" para que arranque suspiros a los lectores, películas basura con guiones de retardados, con una interpretación de espectáculo de escuela.

Y lo peor, lo que me jode hasta la saciedad es esta mierda de querer defender técnicamente esta plaga de basura, de creación comercial, de comida a granel para las fieras. Es una puta mierda, y ya me lo pueden razonar de todas las maneras posibles que me niego a tragármela, que antes me muero de hambre o de insociabilidad que tararear la canción de un retrasado, que ver el programa de un imbecil cuatro ojos que se cree progre, que leer historias de tipos que se consideran rompedores por poner bulgaridades, o escritoras de medio o bajo pelo con cuatro palabritas pedoras rimadas como el ojete, o de alabar superproducciones cuyo único mérito es contar con buena publicidad; ya se sabe, "diles que es bueno y lo será".

En fin, seguro que después me vienen con el discurso de la tolerancia, el respeto y la diversidad... y me parece estupendo!! ojo!, pero estamos zampando mierda gratuitamente y a dos manos y, sinceramente, ante eso a mí me viene a la cabeza un único adjetivo: Idiotas.

No estoy de mal humor ni mucho menos, tampoco es una crítica constructiva sino todo lo contrario, destructiva. No es la forma que generalmente utilizo para decir las cosas (por lo menos por este medio) pero me tiene harto ya, de sobremanera, las sandeces que nos dicen, que nos venden, las cosas con falta de criterio desde todo punto de vista que nos quieren hacer creer por no usar algo tan siple y básico como el SENTIDO COMÚN.




Basta!!, me cansé!

Te Sigo.Capítulo 2. El Camino de la Infamia

Llego a mi trabajo a las once de la mañana, después de haber pasado casi toda la noche en Twitter, “tuiteando”. Tengo sueño pesado y una hora de viaje, así que sin duda puede y debe considerarse como un esfuerzo importante de mi parte el solo hecho de que me haya dignado venir. Dudo que lo aprecien. Pocas veces lo hacen.

En el ascensor no parece haber nadie conocido, así que aprovecho para echarme la última siestita hasta el piso catorce. La chicharra me despierta y los instintos se hacen cargo. La cara de dormido se archiva hasta que pueda llegar al baño, y mi mirada se convierte en la del agudo asistente del subgerente que soy. Con paso decidido y sobre todo apurado ignoro a la recepcionista, tal y como he hecho los últimos dos años, desde aquella seria conversación sobre “acoso sexual” a la que fui sometido, y el seminario posterior. “Limítese a saludar, Carlos, con esto basta”.

El pasillo está vacío. A esta hora ya están todos con las cabezas gachas sobre sus teclados escribiendo reportes que nadie leerá, o tratando de vender lo que sea que sus jefes les han dicho deben vender hoy. No tengo mayores obstáculos en llegar a mi cubículo. Destaco la palabra “mayores”, porque un pequeño tacho de basura mal ubicado me ha fauleado de forma grosera, haciéndome morder el polvo, pero sin testigos que insultar, por suerte. Escucho si, un murmullo que proviene de atrás de alguna de esas paredes de papel y media altura que pretenden dividirnos, pero elijo no buscar el origen, y así avanzo.

Una rápida mirada a mi escritorio me confirma que el mismo ha sido revisado, sensación que tengo casi todos los días, o todos los días que vengo a la oficina, como quiera verse. También la ignoro.

Mientras aparto papeles para llegar al botón de encendido de la computadora repaso mentalmente la lista de tareas inmediatas y me abrumo: Twitter, Facebook, GTalk, MSN, Gmail, Hotmail, IMDB y Olé, en ese orden. Parece poco, pero hasta tener todos los programas funcionando y en orden por lo general pasan más de quince minutos.

Y la clave no entra. La he introducido las tres veces de rigor, con lo cual el sistema está trabado, y no podré revivirlo sin contactar a uno cualquiera de los ratones de las computadoras.

La gente de sistemas es mi enemiga. Los conozco como si los hubiera parido, y sé que envidian cada uno de mis 344 followers en Twitter (entre los cuales hay periodistas, productores de televisión, y hasta actores que han hecho bolos). Mis amigos de Facebook, y mi locuacidad en los chats también son objeto de su admiración. Lo sé, como sé también que todos los días me espían para tratar de copiar algunos de mis chistes, o de las frases ingeniosas que luego de buscar por horas encuentro en sitios perdidos de Internet. Con alegría los veo fracasar en sus pueriles intentos por ser ocurrentes o populares. Esto sin duda es una venganza de su parte.

Tendría que llamarlos y levantarlos en peso, pero gracias a Dios no dependo de una manga de imbéciles para hacer mi trabajo. Decidido a no dejarme intimidar por la adversidad, encaro mi día desde el Iphone. No seré igual de productivo pero muerto antes de pedir “soporte”.

Mi TL, es decir la lista de personas que leo en Twitter, arde y de un soplido vuela cualquier mal humor que hubiere estado incubando. La consigna son canciones que incluyan nombres de órganos sexuales en sus títulos. Me viene a la cabeza “Pene Lane”, y estoy a punto de escribirlo cuando me interrumpen.

-Ejem.

Me doy vuelta y no es el imbécil del subgerente quien tiene una estúpida carraspera, sino el ultra imbécil del gerente. La realeza ha decidido chapotear entre la inmundicia de los cubículos, así que la razón debe ser severa.

-Señor Sepúlveda, como le va –disparo con una obsecuencia en la que cualquier tipo con algo de sagacidad vería llena de ironía. En él, por supuesto, está desperdiciada.

Sepúlveda menciona algo acerca de “reiterados llamados de atención”, pero no puedo concentrarme mucho en lo que dice, porque mi teléfono no deja de vibrar. Los DMs, o mensajes directos de mis seguidores, lo aporrean, y me frustra no poder ocuparme de las cosas importantes.

El tipo continúa con su cara de lunes, lo cual confirma que se trata de Sepúlveda. Jamás nadie le ha visto otra cara en los años que lleva vegetando en esta oficina.

Mi desprecio por el tipo no se desprende de la cantidad infinita de promociones que ha otorgado a gente de antigüedad inferior a la mía, sino de su negativa sistemática a pagarme un plan de datos ilimitado. Eso lo tuve que hacer yo con mi magro sueldo, y sé que lo disfruta.

La perorata que me dispensa no es distinta de otras anteriores, pero de repente se pone paisajístico y las palabras “mejores horizontes” me hielan la sangre. El golpe de gracia lo produce un guardia de seguridad, que se materializa en mi cubículo sosteniendo una cajita mediana de cartón.

No soy un hombre violento, pese a lo que digan por ahí, pero la situación lo amerita.

-¿Usted quién carajo se cree que és?- le pregunto ya sin tanta amabilidad.

El guardia es robusto y proactivo, y se interpone entre Sepúlveda y yo. Otro guardia de idénticas proporciones fiscaliza todo desde una distancia inferior a un metro. Me obligo a calmarme y lo logro. Trato siempre de no llegar a la contienda física cuando es evidente que voy a perder.

Sin entender demasiado lo que ocurre, o tal vez entendiéndolo demasiado bien pero sin poder aceptarlo de golpe, y con la terrible sensación de que debo estar perdiéndome vitales partes de mi vida 2.0 empiezo a llenar la caja. Sepúlveda niega con la cabeza cada intento mío de poner en la caja algún implemento de oficina, y es así como la cajita, desprovista de abrochadora, calculadora y otros enseres, es gratamente liviana.

El camino hacia el ascensor, caja en mano, es llamado “El Camino de la Infamia”, y es por lo general una buena medida para saber el aprecio que los compañeros tenían por que acaba de ser despedido. En este caso, su servidor. Detecto algunas sonrisas, más que nada de mujeres, y lo único que me impide repartir un par de bofetadas terapéuticas es la presencia de los dos guardias a cada uno de mis flancos. Por alguna razón nunca he podido tolerar que las mujeres se burlen de mi, y si estuviéramos solos, ninguna de ellas lo haría.

La salida del ascensor me provoca cierto alivio. He recuperado la señal en mi teléfono y puedo volver a conectarme a lo realmente importante.



Capítulo 1. Te sigo
Capítulo 3. Me seguis

El día propicio

Hoy sería el día propicio para pasar a tu lado incontables horas de ocio, enredando
mi voz en tus oidos mientras este cielo plomizo se viste de cilicio.
Hoy sería el momento oportuno para encontrarte en la calle e invitarte a casa
a tomar un cafe hecho por mí en mi vieja pava de metal, mientras la lluvia paciente
termina de regar las marchitas flores del jardín.
Hoy quisiera atraparte con mi cobija blanca de algodón y compartir contigo la figura fantasmal
de los dos juntos debajo de ella, mientras la tarde cómplice nos arrebata nuestras ropas.
Y en especial, hoy quisiera abrigarte con mi corazón mientras late desbocado por el deseo
de encontrarte al fin, en lugar de ver como se me escapa el tiempo y tu silueta velozmente por entre mis dedos...



Buenos Aires, noviembre 29 de 2009

Javier Ulises Gonzalez Chaves

Te sigo. Capítulo 1. Te sigo

El sótano de su casa tenía una llave física y otra electrónica. La excusa era prevenir que alguien revolviera sus papeles o que algo de valor se perdiera. Bastaba encender la luz para tomar conciencia de que la realidad era otra muy distinta.

Tres monitores Apple de 27 pulgadas habrían llamado la atención de quien entrara a la habitación, siempre y cuando esa persona no mirara las paredes, empapeladas de piso a techo con fotografías de adolescentes.

No todas estaban desnudas, pero todas habían sufrido algún tipo de violencia. Había fotos con niñas de trece años golpeadas y humilladas, niñas de catorce o quince violentadas y otras de mujeres jóvenes también sometidas de una o mil formas. Había fotos de cadáveres.

El contempló una en particular antes de sentarse frente a los monitores, y asintió con la cabeza. Era un hombre decidido.

Mientras la luz iba poblando las pantalla, tomó su block de anotaciones y avanzó hasta la hoja titulada “@ SoyTrini”. La letra griega por delante del apodo era la forma de identificarse en la red social.

-18, soltera, Vicente López, facultad de derecho, Starbucks. Tren. -Leyó en voz baja

Había ido tomando esas anotaciones a lo largo de semanas de espiar y dialogar con @SoyTrini vía Twitter. En miles de mensajes la víctima había dejado diez o doce elementos que le servirían a quien estuviera atento para ubicarla. Y él quería hacerlo.

La foto de @SoyTrini en Twitter era difusa, pero él había solucionado esa deficiencia con una visita a su página de Facebook. @SoyTrini era una niña/mujer que llamaría la atención en cualquier lado.

Era miércoles, y como todos los miércoles de ese cuatrimestre, @SoyTrini terminaría de cursar una materia en la facultad de derecho, tomaría un colectivo hasta retiro, y de ahí el tren hasta Olivos. Como todos los miércoles, él la seguiría en el trayecto desde la estación hasta su casa. Ese miércoles, sin embargo, estaba seguro de que sería el último. Le vinieron a la mente las palabras “Miércoles de Súper Acción”, y casi sonrió.

Sus hijos estaban ya dormidos. Se despidió de su esposa con un beso y partió hacia el juego de Póker de los miércoles con sus amigos de la universidad. El no veía a sus amigos de la universidad hacía meses, nunca había aprendido a jugar al Póker.

Media hora más tarde, enfundado en su sobretodo oscuro era prácticamente invisible en la calle sin iluminar. Trini pasó por delante suyo sin verlo, concentrada en evitar los charcos que la lluvia de la tarde había dejado, y perdida en la música que salía de su iPhone. El sabía que tenía uno por haberlo leído en Twitter.

La siguió durante dos cuadras, a distancia prudencial, y sin hacer un ruido. Sus zapatos con suela de goma se encargaron de eso.

-¿Trini?

Ella se sobresaltó pues nada había denunciado aquella otra presencia, y retrocedió, apoyando su espalda contra las rejas de una casa.

-¿Quién sos?

-Soy yo, Kampeón. Como estás.

-Bien … me asustaste.¿Qué hacés acá?

El miedo en la voz de Trini era evidente, y él no pudo evitar sentir una pequeña satisfacción. No se había equivocado. Pero era muy pequeña comparada con la rabia que crecía a cada minuto adentro suyo. No era un experto en estas cuestiones, no aún, pero sabía que después de la bronca vendría la tristeza. Profunda. Y así como sabía eso, sabía que nada ni nadie en el mundo podría impedir lo que estaba a punto de ocurrir.

-Te vine a ver.

-Pero yo no te di mi dirección, ni nada.

-Vení, subí al auto -dijo Kampeón, señalando un coche gris. Quizás fuera un Corolla.

Trini trató de alejarse, pero antes que pudiera darse cuenta, una mano de hierro la sostenía del brazo.

-Dejame, ¡hijo de puta!

-Vení, turrita, subite que te va a gustar.

El dio un paso hacia adelante, y la luz del farol lo iluminó por completo.

-Dejala.

@Kampeón69 retrocedió como si hubiera visto un fantasma, pero después de eso se quedo completamente quieto. Paralizado.

-Vos no sos el único que sigue gente en Twitter - dijo él con voz serena.

Apuntó la pistola a la cabeza de @Kampeón69 y sin mirar a Trini le dijo.

-Pendeja, basta de boludear en Twitter. Andate a tu casa.

Trini corrió y el hombre vio de reojo que le costaba entrar a su casa. Lo logró.

El hombre nunca había matado, y no lo haría esta vez tampoco, por más que le costara, y por más que el otro lo mereciera. Pero sí aplicaría un escarmiento. Uno grande.

-Subite al auto.

@Kampeon69 lo miró sin entender, y él lo golpeó con la culata en la sien.

-Te dije que te subas.

Con la frente sangrando, Kampeón abrió la puerta, y de ahí en más todos los movimientos fueron en cámara lenta. Kampeón se agachó y tomó algo de abajo del asiento. El hombre lo observaba con impotencia. Sabía lo que ocurriría, pese a no haberlo vivido nunca.

-No lo hagas.

Pero Kampeón no escuchaba, y cuando giró tenía un arma en la mano. El hombre no dudó, no podía hacerlo. Un disparo fue suficiente.

El hombre volvió a su casa y fue directamente a su sótano. Descargó el arma y la guardó en al caja fuerte. Lo último que vio, antes de ir a dormir, entre las fotos de todas las niñas lastimadas, fue la de su propia hija, Carito. La rozó con la punta de sus dedos y su voz fue un susurro.

-Chiquita, si te hubiera podido cuidar a vos también.



Capítulo 2. El camino de la infamia