Quiero que me concedas...

... El último baile...





Ella es la promesa de una vida amable y sencilla. Ha encontrado su pequeño rincón en medio de esta gran broma, y lo defiende con la dignidad de quien no tiene otro asidero y corre el riesgo de despeñarse si mira hacía abajo. Y es bonita, y me mira con ojos tristes mientras me agarra y me lleva hasta el centro del salón. Nos movemos con torpeza entre otros muchos como dementes relojes de cuerda, cada uno con su ritmo, sus horarios y sus razones, pero de alguna manera felices, con esa felicidad ingenua que es mitad felicidad mitad mentira sostenida por el armazón de los días y el loctite de la rutina.

Ella me mira y me susurra un tonight will be fine, y quiero creerlo con todas mis fuerzas. Agarrarse a ese suave NoPensar y abandonar por un instante esa enorme cacería que es la vida con las fauces de la desidia siempre a dos centímetros de rasgar la carne. Huyendo, buscando a tientas una puerta con alma de salida y un back to the eden en lo alto con enormes letras de neón. Un dulce cerrar los ojos y abandonar la Búsqueda de un norte que quizás no exista, o buscarlo en la filosofía y sus sencillas recetas de living room. Philosophia biu kybernetes, que no es plan de estropear las cosas por mucho pensarlas. Mejor dejarse mecer por esta suave música de ascensor y enterrar mi cara entre su pelo. Si, así todo estará bien, tonight will be fine.

Y, cuando ya casi te has convencido y has hecho tuyas todas las frases de otro. Cuando ya, por fin, eres capaz de decir lo que quieres pero no te atreves a decirlo. Ahora que eres un chico bueno y entregas tu mano a los mayores, ahora, justo ahora, aparece la duda, esa vieja prostituta vestida con sus mejores galas, y te besa con unos labios rotos de carmín y tabaco, y todo tu cuerpo tiembla porque sabe que ahora le perteneces, que no hay vuelta atrás y tu camino desde ahora será el camino de los que dudan, de los que caminan sin dejar de mirar atrás pero no por eso cesan en su caminar… back to the eden.

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