
Si Mozart viviera, jamás se le pasaría por la cabeza escribir una soberbia ópera como el “Don Giovanni”. Simplemente porque el mito más grande de la masculinidad no podría nacer en esta época infame. Las aventuras entre salones, jolgorios, meretrices, condesas, sirvientas y orgías con peluca, hoy no son más que una burda caricatura de lo que Don Juan conoció, y peor aún, sus participantes se someten, hasta voluntariamente, a una sobreexposición mediática sin precedentes. Compartiendo con quien sea, sus peores y más bajos comportamientos.
¿Cómo? Me pregunto yo. ¿Podría existir hoy un verdadero Don Juan, si en la empresa de conquistar doncellas las descubre empecinadas en sacarse fotos de grupo con él?
La reputación de Don Juan llegó a ser pésima, pero antes de eso, acumuló impune un enorme récord: seicientos y cuarenta en Italia, docientos y treinta y una en Alemania, cien en Francia, en Turquía noventa y una, superándose a si mismo en España con mil y tres!!!
Se imaginan cuánto duraría hoy su racha, si al día siguiente aparecieran fotos comprometedoras en Facebook o en algún Fotolog. Imaginen a Don Juan recibiendo el fatídico mensaje tipo: “Jennifer has Tagged a picture of You!!!” PAF!!!
1-Interior noche, fiesta en casa de amigos: Ahí aparece Don Juan en evidente estado de ebriedad abrazando a tres chicas, menores que él. Su mano se posa permisivamente sobre los senos de ella que, imperterrita, lame una bombilla enchufada a una Red Bull.
2-Interior Salsoteca, gran carga de erotismo en el ambiente: Ahí en el fondo, acorralando a una mujer mayor, está nada más ni nada menos que él!!!!
Y se acaba la carrera. ¡Y si! Porque Don Juan es un gran mentiroso y sus conquistas dependen de su capacidad de engatuzar y seducir, de vestirse con piel de oveja y transformarse, por una noche, en el sueño personalizado de cada mujer que se cruza en su camino. ¿Y a quién seduce un hombre cuyo “currículum” está disponible on-line??
No señoras y señores. Ahora tenemos que conformarnos con esos pequeños e insulsos galanes de pacotilla; esos que escriben antologías sobre el significado de las fotos que las mujeres publican en su perfil. Gente sin estilo ni clase. Muy simple. Las redes sociales, las nuevas tecnologías, los YouTube, se desarrollaron principalmente en sociedades muy permisivas, donde nadie se escandaliza por un culo firmado con plumones o un intoxicado atado a un árbol.
Con la promesa de dar espacio a todos, esos “Quince minutos de fama” que invocaba Warhol, los nuevos medios se transformaron en la cloaca de la sociedad. La red está saturada de aspirantes: cantantes, músicos, actores, actrices, modelos, pseudo gurúes, analistas…. la mayor parte sin ningún talento. Pero el verdadero peligro lo constituyen los enfermos de notoriedad social. Esos que viven para publicar las fotos de cada puto evento en el que se encontraron. Son ellos los asesinos de Don Juan. Y sus cómplices son las máquinas digitales.
Acaso en los 90’s durante las fiestas, asados, carnavales y desmanes estaban todos armados de máquinas analógicas???? Claro que no. Podías correr desnudo por la playa, o cubierto de serpentinas y sólo habrían pocos testigos. Ese momento sería legendario.
No había registro de la locura, por eso era más espontánea. Ahora todos quieren ser actores, personajes de la noche. Todos llevan una máscara y tienen una mueca entrenada para el momento del Flash. Todos tienen su performance y su momento. Quizás no sea del todo malo, pero este sistema, no deja espacio para los piratas de antaño.
¿A dónde va a parar todo esto? ¿Quién sabe?
En nuestras ciudades, en gran secreto, todavía se reúnen los últimos comensales de la infidelidad crónica. Es un vicio cada vez más caro, periférico, y sus bolsillos no son los de antes. Lejos, en casa, sus hijas sueñan con miles de mega-pixeles.
He dicho!...
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