De eso no se habla.


Hubo un señor llamado Lacan que dijo una cosa que para mí es muy interesante la cosa era más o menos así: “somos lenguaje”.

En su minuciosa relectura de la obra freudiana, Lacan encuentra firmes referencias a la importancia del lenguaje en la constitución del psiquismo.
“Somos, dice Lacan, el parloteo que nos precede”.

Vieron que en general las abuelas, las tías, las madres tienen una pasión por encontrar parecidos a los familiares vivos y muertos de los niños, sobre todo de los recién nacidos. “Es Igual al padre”, dirán, en el caso de que se sepa a ciencia cierta quién es el padre, o “tiene los ojos de la tía”. A mí me da ganas de decir, no, la verdad, no. No se parece a nadie porque nació hace un rato, por lo tanto es casi un monstruo, y gracia a dios, tiene los ojos de él mismo.
Yo me pregunto: ¿No es lo suficientemente tremendo nacer en la clínica Estrada, como para que además haya que parecerse a alguien?

Volviendo al tema del lenguaje, parece ser que los niños van formando su psiquismo a partir de de lo que los padres van diciendo de ellos, dice Lacan: “La madre podrá decirle al niño: "Qué malo que sos" o "Sos un santo". La identidad del niño terminará dependiendo de cómo asuma las palabras de sus padres”.
O sea que cuando uno se cruza en la vereda de Mc. Donals con una de esas madres con la paciencia acabada que, zarandeando al hijo de dos o tres años, le gritan, taraaaaaaaado, porque se tropezó con algo o se mancho con helado, uno debe proceder a acercarse a la señora y propinarle un correctivo al grito de “Cuando sea grande le vas a tener que pagar la terapia”

Vuelvo a Lacan: “La relación del sujeto humano con sí mismo continúa construyéndose desde afuera. El sujeto humano aprende quién es a partir de lo que otros le dicen. Lo imaginario será entonces estructurado por el lenguaje”. De esto no tengo que dar ejemplos, nuestro país está lleno de gente que de tanto que le dijeron se creyó que era conductora de televisión, o mejor periodista.
Hoy nos toca hablar de “eso de lo que no se habla”. Sabían decirnos que: si comes sandia con vino te morís, si te tiras a la pileta inmediatamente después de comer se te paraliza la digestión y te morís, si te estás haciendo el visco y viene un aire te quedas visco para siempre y había temas de los que no había que hablar en ningún lado: Yo sabía que no tenía que aceptar dulces, ni caramelos de extraños y que si me preguntaban a qué partido político pertenecían mis padres tenía que responder a ninguno. Crecimos con la idea de que decir lo que uno pensaba era peligroso, ponía en riesgo nada menos que tu vida, gracias a las maravillas ocurridas en el país que "terminó" allá por el '76.

Hoy en día yo pienso que las cosas que no se dicen quedan como pequeños residuos en el cuerpo. No está bueno guardarse las palabras de ninguna especie, tanto las cosas buenas como las malas deben salir.
Si no salen anda uno después como un anacrónico por la vida reclamando cosas que pasaron hace 15 años. “Te acordás en el año 98, el día que hicimos el día de camping en Ezeiza, que yo me comí el ultimo sándwich y vos me miraste mal, si bueno, andate a la mierda, egoísta".
O “vieja yo nunca te dije nada pero hasta los años 70 yo te amaba mucho”.
O esas mujeres que sospechosamente se acuerdan que amaban al esposo en el velorio.

Hay, sin embargo, dichos que nos proponen la conveniencia de lo contrario. Por ejemplo: “Uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”
Es una fea actitud ser dueño de tus silencios. Te imaginas si por miedo a que alguien te recrimine te dicen: Señor ¿dónde queda tal calle? Silencio. Por miedo a equivocarte. O te dicen “Te quiero” y vos decís: “que bueno” por las dudas, por si en el futuro lo querés dejar o la querés dejar. Eso es un horror, un espanto de ser humano.
Las cosas que no se dicen por culpa o las mentiras piadosas, los ocultamientos a las personas que sufren del corazón, las parejas que siguen por los hijos, los hijos que siguen por los padres, las cosas que no se dicen porque sabemos que el otro no las quiere escuchar, las palabras que se dicen para no decir nada, hay gente que llena los lugares de palabras para no decir nada importante.

Hay gente que piensa que a través de la palabra se pueden curar algunos males, quien de ustedes no ha oido alguna historia acerca de curar el mal de ojo. Algunas personas van más allá y piensan que repitiendo frases como "todo está bien en mi mundo" pueden llegar a acomodar los desordenes de su vida. Recordaran a Nacha Guevara con su famosa escritura en el espejo que decía me gusta ser mujer.
Se puede, eso sí pienso yo, a través del diálogo sincero, restablecer un vinculo con una persona, a partir de decir la verdad, de hablar profundamente, a partir de decir la verdad se puede construir cualquier cosa.
A veces es difícil porque lo que tiene que decir uno no es sencillamente elaborable:
“Mira los reyes no existen”
“Papá estoy saliendo con el tío Oscar”
“Era un travesti pero te juro que yo no sabía”.
“Mira hetor, sos cornudo, y los orgasmos de los tres últimos años fueron fingidos”.

Fellini decía que para él la felicidad consistía en poder hacer todo lo que uno quiere sin lastimar a nadie. Por ahí lo podemos aplicar esto a nuestro tema y decir que también estaría bueno poder decir todo lo que uno siente sin lastimar a nadie.

En fin...

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