

Encontré un cuento involucrativo que me gustó mucho. Así que decidí contar mi propia ficción.
Imaginense, por un instante, que se les da la posibilidad de convertirse en dueños absolutos de su destino, que son capaces de controlar, dominar y crear el presente y futuro de su vida siendo no sólo sus protagonistas sino los autores, guionistas o compositores. Que todos y cada uno de sus pasos pudieran establecerse como las notas de una melodía, como el trayecto de una carrera, de tal forma que ya conociesen el resultado final mucho antes de dar con él, ya que éste habría estado previsto desde el principio. Imaginense que el azar no pudiese interferir en su obra, que no existiese, que de sus anhelos o imaginación dependiese hasta el más simple pestañeo. No suena tan mal ¿no? tendrían el mundo al alcance de la mano, podrían ser lo que quisieran durante el tiempo que quisieran, bastaría con desearlo para que ocurriera, con decirlo en alto para que la palabra fuese hecho. Libertad o libre albedrío en su sentido más amplio y estricto.
Imaginense ahora que les entregan un objeto que les da ese poder, que por alguna maravillosa razón está ligado a su vida y ustedes lo hallan de forma casual ¿que harían? ¿lo utilizaría? ¿lo guardarían como el mejor de los tesoros? ¿lo entregarían a alguien que los quisiera bien? ¿o por el contrario lo arrojarían a un pozo negro a la espera de que jamás volviese a ser rescatado? La cuestión es compleja, lo sé, ya que la ambición humana no conoce límites pero el terror de sabernos a la merced de un simple objeto, tampoco. Cuántos de ustedes decidirían utilizarlo sólo para un par de cuestiones convencidos de que no harían daño a nadie, y cuántos de ustedes no podrían parar una vez comenzado.
Pero ahora dejemos un momento de imaginar y acompañenme, si tienen tiempo, al centro de la ciudad de Buenos Aires, a la mismísima plaza San Martin, en esta soleada mañana de 2009 en el que el tráfico y el trasiego de las multitudes la asemejan a un enorme hormiguero en plena actividad estival. ¿Ven esa pequeña tiendecita de ahí? sí, esa que hace esquina y que tiene el toldo a medio caer, es un negocio de compra-venta en el que todo tiene precio y más vale que no la pierdan de vista porque de un momento a otro entrará Álvaro, el protagonista de nuestra historia, un joven desaliñado y desilusionado que llega con la intención de deshacerse de su viejo radiocassette por unas cuantas monedas sueltas que acallen la furia de su impaciente ama de llaves. Ya les adelanto que no ocurrirá, por lo menos no así, porque en cuanto la puerta se cierre tras él pasará de ser un joven común y mediocre a el personaje de este fantásito cuento. ¡Miren! ahí llega, es ese barbudo de camisa marrón, pero callémonos ya y observémoslo atentos porque quizás muchas de las preguntas formuladas más arriba se respondan...
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