Pesadilla despierto



Repentinamente despertó y notó la oscuridad llenándolo todo.
Se le cortó el aliento.
Cerró, apretando, sus ojos.
Agarrotado, pudo sentir aquellas voces en el silencio, murmullos que desafiaban la firme convicción de que estaba solo.
Respiraba silencioso, despacio, mientras que en su ceguera se le agudizaban sus sentidos dejándolo percibir el roce de la fina tela sobre sus muslos y piernas.
Demasiado abajo.
Temía respirar en forma audible como si pudieran oírlo, como si estuvieran esperando cualquier movimiento que delatara su presencia, buscándolo con esos ojos brillantes, irreales, que lo vigilaban desde cada rincón, desde cada sombra.
Pasaron lentos los minutos, tratando de desvanecer su esperanza en que la luz del sol alejase sus fantasmas; tenía que alcanzar la sábana a sus pies, tenía que alejarse de la vista de sus acosadores, pero no podía moverse. Aunque lo deseara con todas sus fuerzas, no pudo moverse.
Inspiró y una gota de sudor le recorrió el torso desnudo, exhaló y lo oyó.
Alguien más estaba con él allí.
Desesperado, trató de poner calma a su mente inquieta y aterrorizada que bramaba en su interior que saliera de allí, que huyera a cualquier lado que ya lo habían descubierto.
Contó hasta diez muy lentamente como si quisiera estirar el diez hasta el infinito, y cuando éste llegó el propio pánico lo liberó de su quietud y corrió.
No sabía donde ir, muchos lugares no tenía para esconderse, así como tampoco tenía mucho tiempo y con la agravante de que el lugar estaba sumido en sombras.
Muchas sombras.
Miró hacia uno y otro lado buscándolos, tratando de averiguar hacia donde huir pero no notó nada, seguía sudando y aunque no pudiese ver tenía los ojos muy abiertos e inyectados en sangre.
Siguió corriendo, dejando oír el sordo tintineo de sus pies descalzos sobre las frías cerámicas del suelo, respirando agitado, golpeándose contra invisibles centinelas en la oscuridad.
En la noche más negra, en el silencio más profundo, tropezó con lo que creería una mano que lo tomó del tobillo y cayó de bruces al suelo.
Lo habían atrapado.
Reprimiendo un grito pese al dolor, llevó rápidamente las manos al tobillo y en lugar de aquella garra infrahumana que lo tenía cautivo se topó con una manta que se le había enredado en el pie durante el resbalón.
Liberándose, se paró apoyándose en las manos y siguió corriendo.
Corrió y corrió por lo que parecía un laberinto interminable, plagado de obstáculos con los que había chocado ciegamente alrededor de la noche, cuya salida no era más que un anhelo imposible de alcanzar.
Desesperado, trató vanamente de ver en la oscuridad, en una tal a la que sus ojos no podían acostumbrarse, a la que parecía no poder vencer.
En su ceguera, impactó en plena corrida con lo que parecía una dura pared, rebotó aturdido y se llevó las manos a la cabeza sólo para notar que, en el silencio de esa tiniebla, la pared parecía respirar...
... ronca y pesadamente.
Se levantó de un salto, desorientado, y estirando los brazos avanzó a tientas, con los pies juntos, reprimiendo con fuerza un ataque de temblores, tratando de sentir de donde provenía ese sonido para huir en el sentido contrario.
Siguió arrastrando los pies, sintiendo el crudo frío del suelo quemándolo como clavos diminutos hechos de brasas, acercándose a lo desconocido con los ojos bien abiertos en lo cerrado de una oscuridad que parecía no tener principio ni fin.
El golpeteo de su corazón llenaba ese momento sus oídos, aislándolo de cualquier otro sonido en el ambiente; trató de calmarse para poder oír de nuevo esa respiración pero la cacofonía cardiaca era cada vez más intensa, parecía que su corazón le abriría el pecho en dos y huiría lejos, a un lugar seguro.
Desvió esa imagen de su cabeza y respiró hondo, silenciosamente, con la esperanza de que el denso aire entrante templase la cabalgata de su corazón exaltado. Cerró los ojos para concentrarse, sin pensar que teniéndolos abiertos tampoco podría ver algo que lo distrajera, y trató de escuchar nuevamente esa respiración.
Y allí estaba... sobre él.
Gritó con todas sus fuerzas hasta sentir que algo espeso y viscoso le tapaba la boca y le rellenaba los oídos y las fosas nasales. El ahogo era seguido de unas manos veloces, ardientes, que lo inmovilizaban, desgarraban su pijama y lastimaban su piel, mientras él intentaba gritar para evitar seguir tragando aquella viscosidad insípida, invisible en la negrura, que se introducía despacio en su interior con un frío sobrenatural.
Se debatió en contra del misterioso captor, llevó sus manos hacia las suyas sólo para sentir un vapor que se arremolinaba entre sus dedos, pero que seguía desgarrándolo y quemándolo con el tacto de una garras infernales.
Desesperado, comenzó a rezar las pocas plegarias que había aprendido en catequesis, comenzó a creer que sería salvado por algún ángel o algo así pero el dolor, cada vez más agudo y ardiente, le mermaba la fe.
Lo que sucedió a continuación de ello pasó demasiado rápido, sus brazos y sus piernas fueron arrancados en direcciones diferentes y él, sobrepasando la viscosidad que no dejaba de tragar, gritó con cada fibra de su ser, elevando su terror hasta lo más alto del cielo.
Repentinamente despertó y notó la oscuridad llenándolo todo.
Se le cortó el aliento.
Cerró, apretando con fuerza, sus ojos.
Agarrotado, pudo sentir aquellas voces en el silencio, murmullos que desafiaban la firme convicción de que estaba solo.
Respiraba silencioso, despacio, mientras que en su ceguera se le agudizaban sus sentidos dejándolo percibir el roce de la fina tela sobre sus muslos y piernas.
Demasiado abajo...


Por Facundo Dassieu

Estas no fallan

A ver, la cosa es así, hay cosas que en esta vida nunca fallan, he aquí una pequeña lista:


1. La vida no es como te la pintan, sino como la quieras pintar.
2. Persona a la que no le gustan los Simpsons, persona trastornada.
3. 'No sufras por nada que te tenga en segundo lugar'. La pija, no se puede elegir por quién o que sufrir.
4. La memoria no borra, esconde.
5. No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
6. Absolutamente todas las 'mosquitas muertas' son zorras y traicioneras.
7. No podes tratar de erróneo todo lo que te cae mal.
8. El que se fue a sevilla, perdio su silla, y es asi desde el jardin de infantes asique buscate otro lugar donde sentarte loco.
9. Saber siempre es mejor que suponer.
10. Mientras más te lo prohibís, más adictivo se te vuelve.
11. El verdadero error es no terminar lo que empezaste.
12. La nena de 'y su popo está dura' se va a querer matar cuando sea grande.
13. No se puede estar 'un poco' loco, o lo estás o no lo estás (auque seguramente lo estés).
14. Rompés las pelotas para saber todo, y cuando lo sabés te queres cortar un huevo.
15. Todo vuelve.
16. La mayoría de las personas son mucho ruido y pocas nueces.
17. Colorado es que tiene color. Rojo es rojo, forros.
18. Incluso los hombres se ceban leyendo cosmopolitan, indistintamente de que les guste.
19. Existe la gente segura de sí misma, y solo ellos están en la categoría para ser gente linda, los demás pasan a ser 'básicos'.
20. Tirar la toalla es de cagón.
21. La gente que disgusta del helado de dulce de leche granizado tiene problemas gustativos.
22. Toda relación donde hay un 'te amo' antes del mes, está destinada al fracaso (a corto o largo plazo).
23. La mayoría de las personas piensan que tu vida es un baño: entran, te cagan y se van dejándote una sensación del orto (entiéndase como mierda, bancatela).
24. Las mujeres que tienen las uñas extremadamente largas son putas reprimidas.
25. El olor a pasto mojado después de un dia de lluvia le pasa el trapo al Chanel Nº5.
26. Entender no siempre quiere decir aceptar.
27. La música es un idioma aparte, universal.
28. Relación inversamente proporcional: mientras más hable un hombre de su miembro, más pequeño lo tendrá.
29. Es deprimente ver (y oír) a Carmen Barbieri en las propagandas de Telekino.
30. No podes exigir respeto si vos no lo tenes.
31. Si un tema franela no te hace llorar, estás curado.
32. La verdadera libertad es aquella que nos permite no pensar en nadie más y aún así ser feliz. O sea, no existe.

¿Te digo por qué Papá Noel no existe?


Perdón la reincidencia en el tema pero me gustaría razonarlo:

En primer lugar ninguna especie conocida de venados puede volar. Aún así quedan en el mundo 300.000 especies de organismos por clasificar y mientras la mayor parte son gérmenes e insectos, no se excluye completamente la existencia de venados voladores que sólo Papá Noel ha visto.

Segundo. Hay millones de niños (menores de 18) en el mundo. Pero visto que Papá Noel no trata con niños musulmanes, indúes, budistas y hebreos la carga de trabajo de él se reduce al 15% del total, es decir a 378 millones de niños. Con una media de 3,5 niños por familia se obtiene un total de 98,1 millones de hogares. Se presume entonces que haya al menos un niño bueno por familia. papá Noel tiene 31 horas de trabajo, gracias al huso horario terrestre y a la rotación de la tierra, asumiendo que viaja de este a oeste. Este cálculo nos lleva a 822,6 visitas por segundo. Esto significa que por cada familia cristiana con al menos un niño bueno Papá Noel cuenta con un milésimo de segundo para:

a) Estacionarse (esta es la cosa más simple pues lo haría sobre los techos sin encontrar problemas de estacionamiento ni arriesgar multas)

b) Bajar del trineo.

c) Bajar por la chimenea. (En los países nórdicos vista la coincidencia con el invierno debe además protegerse con traje ignífugo y máscara anti-humo)

d) Distribuir el resto de los regalos bajo el árbol.

e) Comerse lo que los niños le dejan en señal de respeto.

f) Subir por la chimenea.

g) Abordar el trineo.

h) Despegar a la casa sucesiva.

Si asumimos que los hogares están distribuidos uniformemente (sabemos que es falso pero lo aceptamos para simplificar el cálculo) estamos hablando de 1,248 Km por cada parada por un viaje total de 120 millones de Km. Esto implica que el trineo de papáNoel viaja a 1040 Km/seg, a 3000 veces la velocidad del sonido. En comparación, la sonda espacial Ulises (la cosa más rápida creada por el hombre) viaja sólo a 43,84 Km/seg y un venado medio a aproximadamente 30 Km/h.

La carga del trineo constituye otro interesante elemento: asumiendo que cada niño reciba una caja media de Lego (de peso aprox. 1 Kg), el trineo lleva aproximadamente 378.000 toneladas, excluyendo a PapáNoel (claramente obeso). Sobre la tierra un venado puede ejercitar la fuerza de tracción de 150 Kg. Aún asumiendo que un venado volador pueda llevar diez veces tanto, no es posible mover un trineo con 8 o 9 venados. Servirían aproximadamente 214.000 venados voladores (si hubieran tantos ya habrían sido avistados por alguien más aparte "Santa"). Esto lleva el peso, sin contar el trineo, a 575.620 toneladas, 4 veces el peso del crucero Queen Elizabeth II. Seguramente 575.620 toneladas que viaja a una velocidad de 1040 Km/seg generan una enorme resistencia capaz de incendiar a los venados de la misma manera que una nave espacial que entra en la atmósfera. Los primeros dos venados absorberían 14,3 kintiliones de Joule por segundo.
En síntesis se evaporarían casi instantáneamente, exponiendo el segundo par y creando ondas sónicas. El equipo completo de venados sería evaporado en 4,26 milésimas de segundo.

CONCLUSIÓN: Papá Noel existía pero ahora está muerto!!!



Mejor descubrirlo así que viendo a tu abuelito disfrazándose en el baño o a un Papá Noel en pedo vomitando a la salida de un Shopping.

El recuerdo y la pérdida


Cuando dejamos de nombrar palabras, ellas se alejan buscando otros labios. Tal vez, morir es dejar de decir palabras.

En los silencios se crucifican esperas, se disfrazan mentiras, se congela el deseo y poco importa estirar la voz hasta el grito o la súplica. Cuando las palabras se dejan de decir, el abandono brinda con la soledad.

Entonces me pongo a pensar en lo que perdemos quizá, y pregunto ¿Perdemos?

No hay mucho más de cierto que la ausencia, que ya no marca clave alguna. El tiempo, naturalmente, se llena igual. A la naturaleza no le gusta el vacío y donde antes estaba tu nombre, ahora siembro preguntas, repetidas preguntas, infantiles (si querés), preguntas...

¿Qué perdemos cuando alguien nos deja?
Perdemos la posibilidad de ser nosotros.

Pero olvidamos algo, lo perdido se recupera. De distinta forma, tal vez, pero se recupera. Claro, sólo lo advertimos cuando perdemos otra vez.

Luna


Y dice la gente al rozarme que no soy normal, que soy de otro lado que mi vestido de Alejandría solo es la forma de un beso demasiado azul donde mis labios todavía no han dejado de besar tus ausentes labios, que soy luna, vivo cuando el devorador duerme cuando la sed de vida de los amantes hace la noche mas oscura y les hace buscar como locos el otro lado. Y dicen...que digan! sin creerse mi rareza que parezco salida de un cuento de poetas, dibujada en el jardín donde al mirar se esconde la nada y tu... detrás de ella observas si me dejo mirar, quizás algún día sabrás sin que ahora lo creas que soy ella, la que baila con el mar, la que desea ser amante del sentimiento, la novia del amor, esposa de Airón, solamente dejo de brillar cuando las tinieblas de tu corazón ya no están, cuando tu sonrisa escapa de mi influjo y viajas a otro lugar. Mírame!... estoy aquí! mirándote cada noche bañándome en aquellos besos que me regalo tu corazón sin preguntármelo llevando como joyas el recuerdo mas doloroso y dicen que brillo con la luz mas blanca que le he robado al cielo, e intentan bailar conmigo los desesperados, haciéndome culpable de todos los sentimientos mas intensos de eso que vos llamas corazón...
Y dicen que soy distinta, porque cada noche cuando aúllan los lobos pido al dios del Olimpo bailar y llaman lluvia de estrellas a mis lágrimas ocultas tras la estela de la vida, soy yo, mírame! La luna y quizás, solo quizás una noche despertaras buscando mi presencia y solo tendrás el sabor de mis besos mirándote es de otro cielo, sin saber, sin querer saber y dejándome morir al decirte que te amo, que soy luna y te amo, mas que te puede amar el mar... Y tu al recordarme...nunca lo sabrás.


De Sabrina Franchi

Hablemos del génesis de los génesis morales eclesiásticos.


El problema con el asunto de la Biblia y de la Historia es que hay una gran cantidad de campos que pueden contribuir valiosa información –arqueología, paleontología, geología, lingüística, etc.– pero esa información es descartada en favor de aquello que la mente concibe como resultado de su “anhelación compulsiva”. En el otro extremo tenemos a la mitología y a la historia. Desafortunadamente ellas son muy similares porque, como bien sabemos, “la historia la escriben los ganadores”. Y la gente es propensa a cometer actos altamente censurables en situaciones difíciles, que posteriormente procurarán encubrir con la intención de proyectar a la posteridad una imagen de sí mismos que sea lo más favorable posible.

Los más antiguos textos en hebreo que se conservan del Antiguo Testamento, son los que se encontraron en Qumran, que apenas se remontan a dos o tres siglos antes de Cristo. Previo a su aparición, la más antigua versión descubierta era una traducción al griego que data aproximadamente del mismo período. Y el texto completo en lengua hebraica que presenta mayor antigüedad, tan solo data del siglo décimo DC, así que hay algo que no está bien con este estado de cosas.

Se tiene la creencia general, como resultado del análisis textual, de que una pequeña parte del Antiguo Testamento se escribió alrededor del año 1000 AC y que el resto data de aproximadamente el 600 AC. La Biblia, tal y como la conocemos, es el resultado de numerosos cambios a lo largo de los siglos, y hay tal número de contradicciones dentro de ella que no tenemos espacio suficiente para listarlas. Existen bibliotecas enteras dedicadas a este asunto, y le recomiendo al lector revisar el material con el fin de tener un fundamento sobre el cual poder juzgar las cosas que voy a decir.

Los estudiosos de la Biblia generalmente sitúan a Abraham entre los años 1800 y 1700 AC. Los mismos estudiosos sitúan a Moisés entre el 1300 y el 1250 AC. Sin embargo, cuando rastreamos las generaciones tal y como aparecen listadas en la Biblia, ¡solamente encontramos siete generaciones entre ambas figuras patriarcales! Cuatrocientos años es demasiado para tan solo siete generaciones. Considerando entre 35 y 40 años para cada generación, eso colocaría a Abraham alrededor del 1550 AC y a Moisés alrededor del 1300 AC. Esto obviamente significa que hay varios cientos de años de los que no se da cuenta alguna dentro del texto. Remontándonos hasta la figura de Noé, y utilizando la misma lista de generaciones suministrada por la Biblia, llegamos a una fecha entre el 2000 y el 1900 AC: la época aproximada del arribo de los Indoeuropeos al Cercano Oriente. Los registros geológicos y arqueológicos no dan cuenta de ningún cataclismo en esa época, pero en cambio sí hay evidencias de lo que se podría denominar como una discontinuidad global de orden cataclísmica hace alrededor de 12,000. Así que tenemos en este caso un faltante de alrededor de 8000 años, días más o menos.

En un sentido más general, el utilizar la Biblia como una fuente histórica de información presenta una serie de problemas insuperables, en particular cuando se considera el factor “mitificación”. Hay muchas contradicciones en el texto que no es posible reconciliar por ninguna suerte de contorsionismo teológico o mental. En ciertos lugares se describe la ocurrencia de eventos en cierto orden, mientras que en otros se indica que ocurrieron en un orden diferente. En un lugar la Biblia dice que había dos de algo, y más adelante dice que eran 14. En una página la Biblia dice que los Moabitas hicieron algo, y unas cuantas páginas más adelante dice que los Midianitas hicieron exactamente lo mismo. Hay incluso una instancia en la se describe a Moisés visitando el Tabernáculo, ¡antes de que este hubiera sido construido! (y a menos de que Moisés pudiera viajar en el tiempo, no se concibe cómo podría suceder tal cosa).

Hay otros detalles en el Pentateuco que suponen problemas adicionales: se indican ciertas cosas que es imposible que Moisés haya podido saber si hubiera vivido cuando se dice que lo hizo. Hay un caso particular en el que Moisés dice algo que no pudo haber dicho: el texto relata su misma muerte, y esto es altamente improbable que haya podido ser relatado por Moisés. ¡El texto también afirma que Moisés era el hombre más humilde sobre la faz de la Tierra!

La Inquisición se hizo cargo de lidiar con todos estos problemas durante buena parte de los últimos dos mil años, y de una manera similar también se encargó de los Cátaros y de cualquier otro grupo de individuos que no aceptara la versión oficial de las cosas promulgada por el establecimiento judeo-cristiano.

Para los judíos, las contradicciones no eran tales, sino solamente “aparentes contradicciones”, ¡y todas susceptibles de ser explicadas por vía de la “interpretación”! (Yo podría añadir que estas interpretaciones eran usualmente más fantásticas que los mismos problemas). Moisés era capaz de “saber cosas que no debería haber sabido” porque él era un profeta. Los comentaristas bíblicos medievales, tales como Rashi y Nacmánides, eran sumamente duchos en reconciliar lo irreconciliable.

En el siglo 11 Isaac ibn Yashush, un médico de la corte morisca española y auténtico revoltoso por naturaleza, mencionó el hecho embarazoso de que la lista de reyes edomitas que aparece en Génesis 36 incluye algunos reyes que vivieron mucho tiempo después de que Moisés había muerto. Ibn Yashush sugirió lo obvio, que la lista debía haber sido compilada por alguien que vivió en fecha posterior a Moisés. Desde entonces se le conoció como “Isaac el Desatinado”.

El tipo que inmortalizó al listo de Isaac con tal apelativo fue Abraham ibn Ezra, un rabino de la España del siglo 12. Pero Ibn Ezra nos enfrenta con una paradoja, porque él también escribió acerca de los problemas que existen con el texto de la Torah. Alude a numerosos pasajes que no parecen ser obra de la mano de Moisés puesto que se refieren a este en tercera persona, emplean términos que Moisés no podía conocer, describen lugares en los que Moisés nunca estuvo, y utilizan un lenguaje que pertenecen a una época y un ambiente totalmente ajenos a los de Moisés. De manera bastante misteriosa, escribió: “Aquel que entiende reconocerá la verdad. Aquel que entiende guardará silencio”.

En el Damasco del siglo 14, un estudioso de nombre Bonfils escribió una obra en la cual decía: “Y ello constituye evidencia de que este verso de la Torah fue escrito en época posterior, y ciertamente no por mano de Moisés”. Ni siquiera estaba negando el carácter de “revelación” de la Torah, sino meramente haciendo un comentario razonable. Trescientos años más tarde se reimprimió su obra pero en esta ocasión eliminando dicho comentario.

Bueno, por supuesto que todas estas cosas comenzaron a ser examinadas de una manera más crítica con el advenimiento del Protestantismo a la escena religiosa y con la creciente demanda de una mayor disponibilidad del texto mismo. La Inquisición y otras “majestades católicas” intentaron sin éxito mantener el asunto bajo control. Pero los efectos de las creencias son muy curiosos. En este caso, con el incremento del alfabetismo y la disponibilidad de nuevas y mejores traducciones del texto, el “examen crítico” llevó a la decisión de que el problema era solucionable afirmando que efectivamente Moisés escribió la Torah, pero que sucesivos editores posteriores habían agregado una que otra frase de su propia cosecha.

¡Uf! ¡Esa había estado cerca!, pero al final salieron bien parados.

Un detalle en extremo curioso es que la Iglesia incluyó en su lista negra a uno de los proponentes de la idea de las inserciones editoriales, mismo que solamente intentaba preservar el carácter de textus receptus de la Biblia. ¡Sus obras se colocaron en la lista de “libros prohibidos”! Tal parece que algunas personas no pueden evitar dispararse contra su propio pie.

Bueno, finalmente, y después de cientos de años de darle enormes rodeos al asunto, algunos estudiosos se armaron de valor y abiertamente sostuvieron que Moisés no escribió la mayor parte del Pentateuco. El primero en afirmar tal cosa fue Thomas Hobbes. Señaló que el texto algunas veces asegura que tal o cual cosa ha perdurado tal como se afirma y hasta nuestros días. El problema con ello es que ningún escritor que estuviera describiendo una situación contemporánea la describiría como algo que ha perdurado por mucho tiempo y “hasta nuestros días”.

Isaac de la Peyrère, un calvinista francés, anotaba que el primer verso del Deuteronomio dice: “Estas son las palabras que Moisés habló a los hijos de Israel al otro lado del Jordán...”. El problema es que estas palabras se refieren a alguien que se encontraba en el otro lado del Jordán con respecto al escritor mismo, o lo que es lo mismo, a alguien que está al OESTE del Jordán al momento de escribirse, y describen lo que ha dicho Moisés a los hijos de Israel al ESTE del Jordán. Y el asunto se agrava aún más por cuanto se supone que, durante su vida, ¡Moisés mismo nunca estuvo en Israel!

El libro de de la Peyrère fue prohibido y quemado. Él fue arrestado y se le dijo que las condiciones para su liberación eran la conversión al catolicismo y la retractación de todo cuanto había escrito. Aparentemente decidió que la discreción era la mejor aliada del valor. Considerando la frecuencia con que ocurrían estas cosas, uno no puede menos que preguntarse acerca de la “santidad” de un texto que debe ser preservado bajo amenaza de tortura y derramamiento de sangre.

Richard Simon, antiguo protestante y convertido en sacerdote católico escribió un libro en el que afirma que Moisés escribió toda la parte medular del Pentateuco, a la que luego se le insertaron “algunas adiciones”. No obstante, estas adiciones fueron claramente realizadas por parte de escribanos que estaban bajo la guía de Dios o del Espíritu Santo, así que está bien que hayan recopilado, arreglado y expandido el texto original ya que Dios siempre estuvo a cargo del asunto.

Y uno pensaría que la Iglesia estaría satisfecha de salir relativamente bien parada de un embrollo, ¡pero no! Simon fue objeto de ataques y terminó expulsado de su orden por injerencia de sus propios correligionarios. Los protestantes, por su parte, escribieron cuarenta refutaciones de su obra, y solo seis copias de su libro consiguieron escapar a la hoguera. John Hampden tradujo una de estas, solo para meterse también en serios problemas, pero “en 1688 terminó por retractarse de las opiniones que había compartido con Simon [...], de seguro justo antes de ser liberado de la Torre”

En el siglo 18, tres académicos no relacionados estaban estudiando el asunto de los “duplicados”, o historias que se recuentan en la Biblia en más de una ocasión. Hay dos diferentes historias acerca de la creación del mundo; dos historias acerca del pacto entre Dios y Abraham; dos historias de acerca de la designación del nombre de Isaac, hijo de Abraham; dos historias de la declaración de Abraham, en presencia de un rey extranjero, de que su esposa era su hermana; dos historias del viaje a Mesopotamia de Jacob, hijo de Isaac; dos historias de la revelación de Jacob en Beth-El; dos historias de cómo Dios cambió el nombre de Jacob a Israel; dos historias de cómo Moisés obtuvo agua de una roca en Meribah, etc., etc.

Aquellos que sencillamente no podían renunciar a su creencia a priori en el postulado de que Moisés escribió el Pentateuco, intentaron justificar los “duplicados” diciendo que siempre eran complementarios, no repetitivos ni contradictorios. En algunas ocasiones trataron de estirar aun más esta idea afirmando que los “duplicados” estaban allí para “enseñarnos” algo a través de unas contradicciones que en realidad no eran tales.

Esta explicación, no obstante, no conseguía salir bien parada a la luz de otro hecho: que en la mayoría de los casos, una de las versiones de un duplicado se referían a la deidad mediante su nombre divino, Yahveh, mientras que la otra se refería a la deidad simplemente como “Dios” o como “El”. Lo que esto significa es que había dos grupos paralelos de versiones de las mismas historias, y que cada grupo casi siempre era consistente en cuanto al nombre de la deidad que utilizaba. No solo eso, sino que además había una serie de términos y características que aparecían en forma regular en uno u otro grupo de versiones, y lo que se demostraba con ello era que alguien había tomado dos antiguas fuentes documentales y había realizado un trabajo de corte y pegado para formar una narrativa “continua”.

Una de las maneras de poner todas esas conclusiones es que la Biblia ha estado proclamando una historia de los primeros 600 años de Israel que probablemente nunca existió: todo ha sido una mentira (!).

Bueno, esto difícilmente se podía tolerar. Luego de tantos años de acondicionamiento de la gente para creer en el “Fin del Mundo” y de presentar a Jehová o a Cristo en el papel de salvadores de los escogidos durante este terrible evento, la mera sugerencia de que bien podría no haber ningún “salvador” y el terror de la condición humana que todo ello evocaría, sencillamente eran demasiado. Entonces apareció la caballería al rescate en la persona de Julius Wellhausen (1844-1918).

Wellhausen sintetizó todos los descubrimientos con la intención de preservar los sistemas de creencias de los académicos de orientación religiosa. Hizo una amalgama entre la visión de que la religión de Israel se había desarrollado en tres etapas y la visión de que los documentos también habían sido escritos en tres etapas, y luego procedió a definir estas “etapas” con base en el contenido de cada una. Rastreó las características de cada etapa, examinando la forma en que los diferentes documentos presentaban la religión, el clero, los sacrificios y los lugares de adoración, así como las diferentes festividades religiosas. Consideró las secciones narrativas y legales, así como los otros libros de la Biblia, y al final suministró un “marco plausible” para el desarrollo de la religión e historia judías. La primera etapa era el período “naturaleza/fertilidad”; la segunda era el período “espiritual/ético”, y la última era el período “sacerdotal/legal”. Como apunta Friedman: “Hasta la fecha, si uno está en desacuerdo, está en desacuerdo con Wellhausen. Si uno quiere proponer un nuevo modelo, debe comparar sus méritos con los del modelo de Wellhausen.”

Nuevas herramientas y métodos de la época moderna han posibilitado la realización de un trabajo realmente admirable en las áreas del análisis lingüístico y la cronología del material. Adicionalmente, ha habido una febril actividad arqueológica desde la época de Wellhausen, que ha producido enorme cantidad de información acerca de Egipto, Mesopotamia, y otras regiones aledañas a Israel. Esta información proviene de tabletas de arcilla, inscripciones en las paredes de las tumbas, templos y habitaciones, e incluso papiros. Aquí nos topamos con otro problema: en ninguna de las fuentes recopiladas, sean estas egipcias o del Asia Occidental, existe referencia alguna a Israel, su “famoso pueblo”, sus fundadores, sus conexiones bíblicas, ni cosa similar, con anterioridad al siglo 12 AC. Y el hecho es que incluso por 400 años después, no es posible deducir más de media docena de alusiones, que además resultan cuestionables en su contexto. Aun así, los judíos ortodoxos fundamentalistas se aferran a este puñado de referencias como quien está a punto de ahogarse y lucha por asir briznas de paja. Curiosamente, los Cristianos Fundamentalistas vuelven deliberadamente la vista lejos del asunto como si se vieran conminados por el virtual undécimo mandamiento de “No harás preguntas”.

En fin, el problema de utilizar la Biblia como texto de historia es la ausencia de fuentes secundarias. Hay un enorme volumen de material anterior al siglo 10 AD en varias bibliotecas antiguas, “grano para el molino del historiador”, pero estas fuentes parecen quedarse casi por completo mudas al llegar al término de la 20ava dinastía egipcia. Así que la Biblia, como prácticamente la única fuente que declara cubrir este período en particular, se vuelve muy seductora: no importa que los descubrimientos de la arqueología no “calcen” con sus declaraciones, o que solo puedan hacerse calzar con la ayuda de una buena dosis de infundadas presuposiciones, o mediante el cierre deliberado de la mente a cualquier otra posibilidad.

Pero, ¿podría haber una RAZÓN para explicar este silencio de las otras fuentes? Esa es una buena pregunta acerca de la realidad de las cosas.

De nuevo pregunto: ¿Porqué?

Sabemos que en épocas antiguas los muchos libros que presentaban a la Biblia como rigurosamente histórica fueron inspirados por la motivación fundamentalista de confirmar la “preeminencia moral” de la Civilización Occidental. En el presente este factor pesa menos en los Estudios Bíblicos, y sin embargo existe todavía la tendencia a considerar tales fuentes de manera literal por parte de individuos que se pensaría son capaces de un mayor discernimiento.

A pesar de todo lo antedicho hay una pregunta que siempre quedará "colgando": ¿Quién escribió La Biblia y POR QUÉ?

¿Tu vi o no tu vi? ( Ies... tu vi, tu vi)


“Vive, vive honestamente, tarde o temprano atravesaremos el umbral de la muerte. Porque en la naturaleza de todo hombre, ninguno se escapa de esta suerte”.

En algún momento en nuestra vida hemos reflexionado sobre la muerte, ese transito en que el ser vivo deja de serlo. Que en nosotros los humanos viene a ser, la separación del alma y el cuerpo.

La muerte sería un transito del ser personal.

Al contrario de lo que comúnmente se piensa, la muerte no es un ser que deambula por el mundo arrancándole la vitalidad a los seres vivos. Si no que filosóficamente la muerte es la carencia de la vida de un ser vivo. Digamos que va más allá del mito de la parca o la calavera con su guadaña, la muerte es simplemente la falta de vida en un organismo.

La muerte esta ligada a la vida humana como una amenaza constante. Como bien expresó William Shakespeare en Hamlet: “Ser o no ser he ahí el dilema”. Esta sentencia nos muestra la angustia del ser humano, ante lo frágil de su persona, que en un momento tiene vida pero en otro momento puede serle arrebatada.

Pero humanamente la muerte es un tema mas allá de la carencia de vida de un ser viviente, ya que representa un transito personal en la separación o ruptura de la unión del cuerpo y el alma. Encaminándose así hacia un nuevo y misterioso estado del que fue un ser humano.

Por su elemento espiritual el hombre puede trascender a la muerte, es así como aun recordamos y veneramos a personas que vivieron mucho antes que nosotros, suceso que no ocurre en otro ser vivo.

“La muerte nos señala el fin de la naturaleza humana, así como la ciencia del hombre. Pero es allí donde comienza su trascendencia y ascensión espiritual”. Agustín Basave.

Creo que todo hombre debería encaminar su vida hacia lograr una trascendencia mas allá de la muerte, porque en este sentido se busca alcanzar una realización personal y la muerte resulta un proceso menos angustiante al no significar tan solo el fin de la vida, sino mas bien un nuevo estado al cual esta encaminado todo ser humano.

Mas allá de una angustia personal ante la muerte, todo hombre debe de preparase para afrontarla natural y espiritualmente. La filosofía y la ciencia terminan con la muerte del ser humano.

Y termino citando la última frase de Sócrates:

“Pero ya es hora de irse: yo a la muerte, vosotros a la vida. Quien después de nosotros se encamine hacia un estado mejor, será desconocido por todos nosotros, …”

La Educazíon.,

Después de un tiempo he vuelto, ciertos inconvenientes hubo en este tiempo, verán que hubo ciertos roces y malos entendidos acerca de un par de post que se han subido (y ya han sido quitados).
Nuevamente pido disculpas (esta vez en forma pública) a K y a su bellísimo blog ( en contenido y forma ) por los malos entendidos. De paso me permito recomendar uno de sus blogs Aventuras en el país de la psicopatía que es muy interesante.

Vuelta a lo mío y para no traicionar mi estilo bizarro, alcahuete y protestante (porque protesto por todo) he decidido referir este primer post vuelta de un descanso a La Educación:



Empecemos por el principio, los hijos. Es una condición sumamente necesaria si queremos hablar de su educación.

Dicen que tener hijos es extraño, pero al mismo tiempo maravilloso. Lo increíble es cuanto tiempo te pones a pensar en la educación que les brindarás. La mitad de lo que crees saber no te lo respetan y la otra mitad la rechazan. Es más, como no va a hacer así, si lo primero que ven los 11 meses de nacidos es que les enseñas como caminar y hablar... y el resto de la vida... ¡Como sentarse y callarse la boca!

¿Cómo educar a nuestros hijos?

Esa es la pregunta que todos nos hacemos.

Bien, la voy a responder rápidamente, solo hay que enseñarles algunas cositas pequeñas que puedan cumplir y entender:

  1. No drogarse
  2. No comer con la boca abierta
  3. No tocar los enchufes
  4. No tocar el horno cuando está caliente
  5. Y aprender que no se despierta a papá antes del mediodía
Punto final.

Por otro lado, si Dios hubiese querido que ellos no fuesen capaces de ver el mundo, entenderlo o esperando que nosotros le contemos todo... nos hubiese mandado pibes ciegos, sordos y mudos.

También es cierto que hace algunos años la idea era irse de la casa de tus padres lo antes posible. Es más: ¡Se amenazaba a los viejos con irse para siempre!

Por qué digo esto, ¿A dónde fueron a parar esas ideas de independencia?

Es más, fíjense que cuando te dicen que "tener un hijo es la herencia más increíble y maravillosa que un ser humano puede aportar a la humanidad"... ¡¡No te están mirando a los ojos!!

Fuera de ello, y hablando ya sí en serio...

Llega la educación 'escolar' y he aquí un razonamiento quizá descabellado pero no se si tan (des)acertado. Con ustedes les presento a John Taylor Gatto, un maestro (docente) de Nueva York que critica al mismo SISTEMA educativo desde dentro.

Aquí dejo una entrevista en la que habla de lo mas destacado en su obra acerca del control que ejercen sobre nosotros a través de este sistema educativo.



Luego de ver el video, no se cuanto de cierto hay en esto, pero debemos reconocer que por lo menos algo de verdad hay en lo que dice.

Particularmente debo decir que pienso básicamente parecido a John Taylor y que el mismo ser humano debe ser capaz de crear sus propios conceptos y no dejarse llevar solo por lo que nos dicen, creyendo (como supuesto) que como lo dicen en la escuela (o en cualquier otro tipo de instituciones masivamente aceptados -mas si se trata del estado-) "es así".
Creo que sí debemos captar muchos conceptos y verificarlos porque sino la misma humanidad no avansaría. Sí tomar los viejos conceptos (tampoco el escepticismo puro) acerca de todo lo que queramos saber, pero no darlos por hecho de una, sino probarlos, corroborar si es así y decidir por nosotros mismos cuánto de cierto hay en ello.

En fin, volví y para variar en cambio constante... y con convicciones férreas.