Mucho he reflexionado sobre la masiva pasividad que tenemos ante el sufrimiento y las desgracias de la humanidad, sobre nuestra falta de respuesta masiva ante situaciones de criminalidad global -en eso sí que hay una verdadera globalización-, y sobre nuestro mutismo masivo ante genocidios, injusticias y barbaries varias.
La reflexión me ha llevado a concluir que “el sistema” cuenta indudablemente con medios y técnicas de apaciguación de respuestas que producen una apatía y desinterés colectivo sin que la colectividad se de ni siquiera cuenta de ello, y que nos van transformando en sosegados, dóciles, indefensos y desvalidos rebaños de borregos, siempre necesitados de “buenos pastores” que nos cuiden y velen por nosotros o, cuanto menos, en cómodos ciudadanos para el stablishment, incapaces de reacciones solidarias, convencidos de que nunca se puede hacer ni cambiar nada y que es siempre algo o alguien -llámese Estado, Gobierno, Instituciones varias, etc.- a quienes incumbe, pueden y deben cambiar las cosas, ya que sólo ellos tienen ese privilegio y potestad.
Hoy les hablaré de algunas de ellas.
DESENSIBILIZACIÓN SISTEMÁTICA:
Se preguntarán con clara razón ¿Qué corno es esto? Pero no os preocupeis que responderé sus dudas. La justificación fundamental de esta técnica, gira en torno a que es muy difícil estar a un mismo tiempo contento y triste, relajado y ansioso, de modo tal que si se asocian convenientemente estímulos que produzcan los dos tipos de estados (contento y ansioso), uno de ellos -el que se desee- será gradualmente suprimido, incluso, en presencia de los estímulos que lo producían.
Sí lo que se quiere suprimir es la ansiedad y la angustia ante ciertos estímulos y/o situaciones, se tratará de hacer una lista de estímulos que le producen ansiedad, clasificarlos por orden de su debilidad y, estando el paciente en situación de relajación, presentárselos poco a poco, mientras mantenga la relajación; y así, poco a poco, se va habituando a no ponerse ansioso ante esos estímulos: pasando en claro, va perdiendo la excesiva sensibilidad ante esos estímulos; se va desensibilizando.
Así que:
el terapeuta establece una jerarquía de situaciones relativas al objeto ansiógeno ordenadas de menor a mayor intensidad, se lo entrena al sujeto en una respuesta antagónica a la ansiedad; generalmente esa respuesta es la relajación muscular. Se le va presentando al sujeto la serie de situaciones ansiógenas empezando por la de menor intensidad; cuando el sujeto ya no responde ante ella con la respuesta de ansiedad sino con la contraria de relajación se pasa a la inmediatamente superior, y así sucesivamente hasta que el hombre/mujer, sujeto en cuestión, ya no muestra ansiedad en ninguna de las presentaciones del objeto fóbico.
No soy conductista aunque si conozco bien el conductismo, ya que he estudiado psicología. Aprendí, pues, el conductismo y sus aplicaciones tanto en el área de la terapia individual y grupal, cómo en el de la psicología social, y les puedo decir que siempre me llamó la atención esa técnica en concreto. La técnica en cuestión ha llegado a emplearse para tratar lo que se llamaba “conductas desviadas” e incluía bajo ese epígrafe la homosexualidad, la infidelidad conyugal y otras situaciones "desviadas".
Siempre pensé que si se conseguían respuestas “adaptativas” presentando contingentemente relajación y estímulos ansiógenos, tal vez pudiera conseguirse lo mismo asociando un estímulo lo suficientemente asertivo y reforzador junto a estímulos ansiógenos, y siempre reflexioné sobre la simultaneidad de los no ticieros o informativos en horario de comidas.
Bien, ya tenemos el “estímulo por excelencia” sumamente reforzador, asertivo, placentero, positivo e incluso más fuerte –me atrevería a decir- que la relajación.
¿Y que se hace mientras se come? Se ven los informativos emitidos por televisión, llenos de imágenes cruentas, crudas y crueles, que, bien mirado, son de lo más ansiógenas y angustiosas que podamos encontrar: catástrofes, guerras, asesinatos, violencia, muerte, masacres, destrucción, fraudes, calumnias, y un largo etcétera. Así todos los días en las dos comidas principales.
No sé si se trata de una técnica de “Desensibilización sistemática” orquestada por el poder dominante para su aplicación masiva a la población –aunque no me extrañaría nada-, pero lo que si sé, es que no me cabe duda que actúa cómo tal de un modo muy eficaz, aunque debo admitir que no sólo se usa la técnica de “desensibilización sistemática” sino la de “implosión”.
Vuelven a preguntarse qué corno es esto ¿no?. Veamos en que consiste la “Implosión”:
IMPLOSIÓN:
La técnica de “implosión” consiste, básicamente, en la presentación de estímulos que provoquen la máxima ansiedad y angustia, en una situación controlada de ausencia de daño: Terapia implosiva.
Los terapeutas de la implosión consideran que para que una persona logre vencer su temor irracional de la manera más efectiva, es necesario que el paciente experimente su reacción de ansiedad en todo su vigor y sin sufrir el menor daño. La situación terapéutica se dispone para que ocurra el estímulo atemorizante y el paciente no pueda escapar. El terapeuta propone al paciente situaciones sumamente aterradoras y le alienta a que se meta en ellas imaginariamente y las soporte. Esto produciría una explosión interna de pánico (implosión). Como esto sucede una y otra vez sin producir daño, el estímulo va perdiendo poder como productor de ansiedad y la conducta neurótica empleada ante él va desapareciendo.
¿Y que mejor situación controlada de ausencia de daño que las comidas?
Tenemos pues dos técnicas asociadas: Implosión y desensibilización sistemática, orientadas a lo mismo: convertir a los seres humanos en rebaños de culos con orejas que ni sienten ni padecen, ni –por supuesto- van a reaccionar contra el sistema cada dos por tres.
Evidentemente, la técnica no funciona en todos los individuos –afortunadamente- pero sí a nivel masivo, con lo cual el sistema reduce considerablemente las respuestas aversivas hacia él, convirtiéndolas en respuestas de grupos muy minoritarios y de fácil control. La ciencia tiene ese doble cariz: se utiliza para el bien de la humanidad y también para su control y para su destrucción a favor de los intereses de quienes mueven los hilos, de los que realmente mandan (les invito a leer el artículo de
Leonard Boff:
“¿Quién manda aquí?” ).
¿Creen que me volví paranoico? Pues es probable. Es posible que nuestro amable sistema neoliberal y neocapitalista universalmente globalizado y abocado a crear en nosotros un consumismo desmedido e imparable, al que lo único que le importa de la gente es que tenga un poder adquisitivo “suficiente” para gastar y comprar, y la apertura de nuevos mercados para obtener más y más consumidores, de modo que su único objetivo “enriquecerse caiga quien caiga y cueste lo que cueste” se logre ininterrumpidamente, no tenga nada que ver en la contingencia “comidas y desastres de la humanidad en los mass media”. Es posible que el sistema sea inocente y que las noticias se den a esas horas, por la inocente y amable razón de “que las personas pueden aprovechar las comidas para verlas y enterarse” porque ya sabemos todos lo mucho que nos cuida y protege el sistema…
Es posible, sí; ¿cómo no? Todo es o puede ser mera especulación de tipo paranoide de mi perturbada mente; pero deténganse un momento y piensen: ¿Qué fue lo que sintieron ante los primeros bombardeos de Irak, que fueron televisados durante cenas y almuerzos? ¿Qué fue lo que sintieron los meses sucesivos ante bombardeos y masacres? Cada día había una media de 30 a 40 muertos en Irak en su momento -hoy desconozco cifras exactas-. ¿Qué sienten hoy cuando lo escuchan? ¿Cuándo lo ven? Y sigan analizando: ¿Qué tipo y frecuencia de movimientos, movilizaciones, protestas, hubo en todo el mundo contra la guerra, el primer año? ¿Qué tipo de movimientos, movilizaciones, protestas, hay hoy a nivel mundial? ¿En nuestro país?
Y quien dice la guerra de Irak, dice también otras cosas cómo el genocidio que se está dando en África con todos los conflictos activos olvidados, con la miseria, el hambre, el SIDA, y un largo etcétera… (no quiero enfurecer)
¿Qué sintieron la primera vez que supieron que cada 15 segundos muere un niño de inanición?¿Qué sintieron la primera vez que supieron del tráfico de órganos a expensas de los niños de la calle del tercer mundo? ¿La primera vez que supieron del tráfico niños y adolescentes de ambos sexos para el tráfico sexual? ¿Qué sintieron ante la primera noticia sobre los niños soldados? ¿Qué sintieron ante la primera noticia de la muerte de un obrero en su puesto de trabajo? ¿Y qué ante la primera mujer asesinada a manos de su pareja? ¿Qué sintieron ante la primera noticia de una patera naufragada con la consiguiente muerte de mujeres, hombres y niños? ¿Qué sintieron ante la primera noticia de las mutilaciones sufridas por niños, provocadas por bombas antipersona?
Es posible que ya ni siquiera recuerden esos sentimientos de ansiedad, dolor, rabia, indignación, deseos de vómitar e imposibilidad de seguir comiendo que se sienten ante esas noticias que dan los noticieros.
O puede ser que sí. Tal vez cada uno de los lectores que se acercan aquí se hayan “salvado” de los efectos de esas técnicas y sigan tan sensibles, solidarios, responsables y activos como el primer día; pero analicen que ocurre con las personas de sus entornos, analicen qué ocurre con las personas de su familia, con sus compañeros de trabajo, con sus amigos…
No voy a seguir, pero ¿siguen pensando que lo mío es una paranoia? Puede ser que lo sea, sí; pero yo me niego a convertirme en un culo con orejas.

Nota: en este artículo aludo muy escueta y puntualmente al hecho actual de insensibilidad ante las noticias en los noticieros. No se me oculta que los sistemas dominantes, desde aquellos primeros comienzos (valga la redundancia) de la historia, han contado con mil y una estrategias, tácticas, técnicas, etcétera, para mantener a los pueblos dominados en la inopia, en un estado de indefensión y resignación absolutos, contando para ello con muchos instrumentos: asimilación cultural, la religión, los fenómenos deportivos, la instauración del terror, el enaltecimiento de virtudes y valores étnicos frente a la denigración sistemática de los valores y virtudes de los demás grupos. Asignación arbitraria e interesada de culpabilidades e inocencias, y un largo etcétera que han sido utilizados desde que el mundo es mundo y algún día escribiré extensamente sobre ello, pero hoy no era esa mi intención, sino la de ceñirme al tema de cómo se nos va convirtiendo el cerebro en un culo con orejas. (joder!!)