Mordaz, directo, irreverente, cumplido, insensible, benévolo, cínico, sincero, alegre, sádico, oscuro, pervertido, brutal, masoquista, bondadoso, demonio, angel, incorruptible, sensible, misántropo pero mucho mas sociable, realista y charlatán. La mezcla perfecta para un ser humano complejo.
Conociendo a Amanda
“You take my breath away” lo supuse desde un principio, pero no, no era como imaginaba. Todo se puso peor.
Pensé que sería un lindo juego, llamarla, decirle que que la complacería en todo. Que estaría cuando me necesite, que podría satisfacer sus deseos mas bajos, sin embargo no fue así o mejor dicho, sí fué así por eso mis recuerdos me llevan a cómo nos conocimos...
Cafetería de la facultad de derecho, se veía hermosa, brillante, decidí ir a buscarla, para conocernos, la belleza de esa mujer me había cautivado, debía conocerla.
Conociéndola en profundidad, me sorprendió la calidez de su persona, no era estudiante de la facultad en realidad, pero estaba bien, al fin y al cabo, era una cafetería, no una biblioteca donde exigian sí o sí la credencial para acceder a los libros. Ese fue mi primer error, dar por hecho algo que no lo era, siguiendo abogacía y caer en algo tan absurdo. Principiante, sin dudas era principiante y debía haber aprendido de ese primer error.
- ¿Cómo te llamas?
- Amanda
- Amanda, que lindo, suena a amada
- ¡Jajajaja!
Su risa me confirmó que tenía sentido del humor, era una buena señal. “Me tengo que ir ahora, nos vemos”. Ese “Nos vemos” ella lo dijo muy superficialmente quizás, pero para mí era una promesa.
Me pasé toda la semana pensando en ella, realmente, quizás si la hubiesen visto también hubiesen quedado obnubilados, no hacía otra cosa que pensar en ella. Mis estudios estaban presentes, pero lo único importante era pensar una estrategia para poder cruzármela, verla de nuevo, sabía que todos los martes iba a la cafetería, esa era una oportunidad que no podía dejar pasar, hasta ahora todo lo que hacíamos era entablar una conversación de dos personas que se frecuentaban en el mismo bar.
Hasta ese martes crucial, había preparado, incluso, un poema, no mío, por supuesto, sigo abogacía, era un poema de Neruda, de esos romanticones que les gustan a las chicas. Cuando noté que le había gustado me animé a invitarla a salir, inusual en mí, soy de una personalidad más bien tímida, pero ella merecía superar todos mis miedos. Excepto el último, mi último miedo.
Confieso que el poema surtió efecto, mi hermana me había dicho ya que era cliché querer conquistar a una chica con un poema, pero que quieren que les diga, el romanticismo no pasará de moda. Comenzamos a hablar, nos conectamos muy bien, y al poco tiempo estábamos saliendo de forma mas asidua, nos pasamos el MSN, nuestros números telefónicos, de celular, podía conectarme con ella cuando quisiera, no era la primera vez que salía con una chica, pero tampoco fueron muchas, inexperiencia, credulidad, ¿habrá sido esto, como se conoce en mi carrera, con premeditación y alevosía?
Conocer a alguien, incluso, es difícil, pero me enfrentaba a un campo poco experimentado en mi vida, el sexo, la actividad sexual, conozco el cuerpo femenino perfectamente, pero cuando uno se enfrenta a estas situaciones lo que se cree conocer es completamente dejado de lado. Fue difícil, pero en un momento tenia que llegar, tarde o temprano llegaría. Hablamos de fantasías, y nos pusimos de acuerdo en algunas, pero había un campo que no se si me atrevía a experimentar, Amanda quería practicar conmigo la asfixiofilia, ella decía que la calentaba mucho, que la excitaba a niveles que nunca imaginó. Al principio yo le dije que no, que no me atrevía, pero no podía pasar por alto como brillaban sus ojos, como podía asomarse un orgasmo con el solo hecho de hablar del tema, quería complacerla, pero no me animaba.
Debía ser valiente, por amor debía ser valiente. Amor, justamente, ¿la amaba realmente por un mes de relación? Igualmente si yo sentía amor, ¿a quién le importa si era real o no? Ella también me amaba, quería satisfacer sus fantasías conmigo. Si no es por amor, ¿por qué razón alguien lo haría?
Finalmente fui valiente, acepté su propuesta, me entregué a ella y a sus deseos. Pensé que sería un lindo juego, llamarla, decirle que la complacería en todo. Que estaría cuando me necesite, que podría satisfacer sus deseos mas bajos. Era un momento perfecto, maravilloso, nuevo y ella cambió de un momento a otro, posó sus manos en mi cuello como estaba planeado, y cuando llegó el momento de parar realmente, donde la palabra clave debía parar, terminar con todo. Pero no lo hizo. Amanda gritaba que repitiera mi nombre, y por más que lo hacía ella no se detenía, una persona nunca termina de conocer a alguien y estaba conociendo a Amanda en su peor forma.
- ¿Cómo te llamas?
- ¡Martha, Martha!
- ¡Decime quién soy!
- Amanda, sos Amanda. ¿Qué pasa mi amor? Me estás lastimando de verdad. No te conozco.
- Martha, no me conoces en realidad, ésta soy yo.
- Amanda, mi amor, no puedo respirar.
- No tenés que respirar, no mereces respirar, todas ustedes deben morir.
Sonaba Queen en ese momento “You take my breth away”, nunca la ironía fue mas deliciosa. Mi respiración era menos frecuente, mi ritmo cardiaco se aceleraba, mi visión se desvanecía y ahí mis recuerdos me llevan a cómo nos conocimos...
Cafetería de la facultad de derecho, se veía hermosa, brillante...

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