No hay como una Mimosa con un buen champagne Krug para el desayuno. Es mentira que los franceses sepan hacer un espumante decente. Vino quizás, pero tampoco estoy tan seguro. Y los autos también son un asco. En un mundo perfecto todo lo importante sería alemán. Todo y todos. Altos, inteligentes y fuertes. En un mundo perfecto todos serían como yo. Y si todos fueran perfectos, yo sería más perfecto aún.
Para variar estoy de buen humor esta mañana, y hasta le encuentro algo de gracia al sol sobre el agua. No tanto para entender como hay gente que contrae deudas por algo tan abstracto como un reflejo; que pagan sumas absurdas (para ellos) por un miserable departamento de escasos metros cuadrados con vista de refilón al charco. Pero hoy tengo que reconocer que lo estoy disfrutando.
Ayuda por supuesto que mi amigo ChangoXD está por llegar, y tengo ganas de ver su cara. De alguna manera que todavía no puedo precisar siento que nos une un lazo, algo más fuerte que una simple casualidad. O quizás sea una expresión de deseo, la búsqueda de un significado más profundo que el del azar o la simple confrontación.
Entre las cosas que lamento está no ver como pasó estas cuatro horas desde que le envié el mensaje vía Twitter. Yo dormí el sueño de los justos. Pero no él, ¿cómo podría sabiendo que alguien lo busca? Hay tormentos aún mejores que los físicos, y lo sé yo que los he inflingido todos. Tengo que pedirle a mis amigos de El Eternauta una filmación de Trini, para pasarle al Chango cuando lo tenga conmigo. Si, debo hacerlo. Trini es otro motivo de remordimiento. Quizás si termino rápido con el Chango la pueda recuperar para mi. Si es que no está ya demasiado baqueteada.
Son las diez menos cinco y me sorprende no verlo todavía por acá. Pensé que él estaría más ansioso. O seré yo quien odia esperar. Desde aquí arriba siento que puedo escupir a Dios en la cara. Si todos los imbéciles mediocres supieran como se siente el poder real no perderían sus miserables vidas recibiendo suelditos.
Un auto se detiene al lado del monumento y siento mi corazón palpitar aún más fuerte. Al fin. Para la ocasión tengo preparada una máquina digital Pentax, con un zoom que me permite ver qué están cocinando en Colonia. Costó lo que pedirían por un autito de esos baratos que usa la gentuza, y seguramente la use una sola vez, pero que vez.
Ahí está, si, camisa rosa. Bajándose de ese autito burgués que parece algo mejor de lo que maneja la mayoría de los que manejan. Vento, dice el modelo, pero me concentro en la patente del auto, que es lo que realmente me interesa. También saco fotos de la cara del tipo. Me siento feliz de que parezca un digno adversario.
Cuarenta a cuarenta y cinco años, metro ochenta, flaco y atlético. Supongo que alguna gente lo encontraría atractivo. Esa mandíbula cuadrada que ha hecho famosos a varios actores, y nariz aguileña. Ojos marrones. Este zoom de mierda vale cada centavo de los que pagué por él.
Veo al Chango pasearse nervioso alrededor del monumento, y lo dejo por unos minutos. Tomo uno de mis celulares y hago el llamado. Atienden a la primera, como debe ser, con lo que estoy pagando. Le informo marca y patente del auto.
-Si. Apenas lo tengas pasamelo– y corto.
Preparo otra Mimosa mientras veo al Chango dar vueltas. Su impaciencia me causa algo de tristeza. ¿Realmente me creyó tan estúpido como para venir? Y siento más tristeza aún: ¿es él tan estúpido como para hacerlo? Que una pendeja del montón como esa Trini le preocupe al punto de entregar su vida por la posibilidad de salvarla es infantil.
Sé que el Chango ha matado, a mi discípulo, si así se le puede llamar, cuando menos. Así que conoce la sensación, ha experimentado el éxtasis, la adrenalina. ¿Cómo puede alguien así ser tan descuidado? En mi egoísmo noto que lo que me molesta sobremanera es la falta de desafío de la situación entera. Será más fácil de lo que llegué a pensar. Tantos preparativos para tan poca cosa. Una vez más estoy desperdiciado.
A esa altura, y después de haber estado observando todo durante más de una hora, estoy seguro de que vino solo. No he visto autos que se hayan detenido y sigan con la gente adentro, o personas escondidas atrás de los árboles fumando. Y no he recibido ninguna información de procedimiento alguno por esta zona. Cero policías, cero ayudantes. Solo en la inmensidad, el infeliz de camisa rosa.
Suena el teléfono.
-Si, pasame un mail con todos los datos. Si, foto también –me molesta la inoperancia de la gente que ensucia un simple intercambio de información con búsqueda de halagos.
La policía es efectiva cuando recibe efectivo, regla de oro que jamás hay que olvidar, pienso mientras me siento frente a la computadora.
Lo primero que veo es un mensaje de @ChangoXD ¿Y, te estoy esperando?
Eso me gusta. Agresividad. Imaginarlo sangrando en mi Panic Room de Nordelta me provoca una corriente eléctrica. Si tan solo fuera un luchador, alguien que en lugar de rogar por su vida escupe en la cara de la muerte. En mi cara. Todo es posible. No quiero contestarle aún por miedo a escribir algo que deje entrever mi entusiasmo.
Abro mi correo electrónico y veo una foto del ChangoXD. Es sin duda la misma persona, y me alegro de que la policía no haya cometido otro de sus infantiles errores esta vez. Ah, bendito dinero que abre puertas que de otra forma estarían selladas.
El nombre de Ignacio Pérez hace sonar alguna campana en mi cerebro, y siento que empiezo a tener una erección. Su domicilio también coincide y seriamente empiezo a creer en la existencia de Dios. O de su alter ego, el diablo.
No hay casualidades, sino causalidades dicen los mediocres, pero cuanta razón tienen. Ignacio Pérez es ChangoXD, y ha sido él quien tocó a mi puerta.
Todos los relojes se aceleran y las cosas que hay que hacer son tantas que me siento atosigado. Tanto que resisto con cada parte de autocontrol las ganas de masturbarme. “Ignacio Pérez”. El nombre es música en mis oídos.
Me despido de Trini, a quien no veo forma de poder atender en los próximos días. Su lugar en la lista ha sido ocupado por varias personas de golpe. Tamborileo los dedos contra el espejo del ascensor mientras pienso en la paraguaya encerrada en mi casa de Nordelta. Otro desperdicio. En lugar de algo largo y placentero deberá ser rápido y casi indoloro. Supongo que hay algunas personas con más suerte que otras.
Mi Mercedes Benz 500, vidrios polarizados pasa a metros del monumento, donde un hombre con absurda camisa rosa espera impaciente.
-Ignacio –siento que susurro en su oído – conocer a tu hija fue un placer. Conocerte a vos será el paraíso.
Capítulo 10. Amigo
Capítulo 12. La previa
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