
La Muerte apareció en forma de olvido, sin anunciarse ni decir adiós. Un día, simplemente, Laura desapareció de su cabeza.
La mañana fue distinta, y en lugar de arrastrarse por el peso de la bolsa de recuerdos, caminó erguido como un hombre. Silbaba.
Los días cambiaron a meses, y las noches a risas. Conoció a otra mujer, y fue feliz.
Pero la Muerte cobra sus deudas, y solo porque él le caía bien, decidió llevarse a alguien lejano, alguien pronto a partir, y que él no extrañaría mucho.
Y él, que estaba en un momento de plenitud, fue consciente del final a que todos estamos sujetos, y maldijo a la Muerte. No gritó al cielo ni tampoco tuvo la necesidad de hablar. Fue un único pensamiento. Unico y devastador.
Al día siguiente, contra toda probabilidad en una ciudad de millones de habitantes, él se cruzó con Laura.
Y recordó.
Que mina jodida!!!!!!!
ResponderEliminarNo te deja pasar una, eh!!!!!!
Buena enseñanza... Prometo no maldecirla jamás... uno nunca sabe con quién puede volver a cruzarse... y recordar...
Muchas gracias Novia. Es verdad, nunca sabemos cuando volveremos a recordar.
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