
Ella era de cristal y terminó rompiéndose. Era tan etérea que acabó diluyéndose en el sinsentido de la vida y mimetizó su sonrisa con las olas del mar.
Ella volaba bajito, a ras de suelo, como los colibríes, volaba en el límite de lo blanco y lo negro, de lo real y lo irreal, del cielo y del infierno…
Porque si las sonrisas fueran habitables, yo habría querido quedarme en la suya para siempre. Colgado de sus labios y haciendo equilibrios en la cuerda que une sus dos comisuras me quedé, por eso tendría que haberla mantenido estirada por mucho tiempo, para no caerme, yo mismo se lo pedí, sonriendo como sólo ella sabía, como una estrella de cine de los años 50…, como lo que era, un estrella parpadeante. A veces con más luz, otras con menos.
Ella vuela alto ahora, con su varita de hada en nuestras cabezas. Estoy seguro que hará todo lo posible por conceder los deseos que queremos. La oigo revolotear, es ella, entre las páginas de “Cien años de soledad” que tengo encima de mi mesa y que me dejó hace un tiempo, entre todos mis recuerdos donde ella es la protagonista y siempre lo será…
si de algo nunca te vas a arrepentir !!! es de amar tanto a tu madre ,eso es algo que vos trasmitis en nosotras ,y que tenes que ,con el correr del tiempo , si dios, te da hijos !!! pasarcelo a ellos ,como dijo alguien alguna vez ,( la mamá es la MAMÁ )
ResponderEliminarMuchisimas gracias mi reina. me llega realmente al corazón ♥!!
ResponderEliminarGracias!