
Me acaba de llegar una carta anónima. Llegó justo en el momento en el que me ponía los zapatos. Se trata de una chica que me declara su ardiente amor a través de una serie de versos más o menos logrados, y una descripción de intenciones un tanto ilegible debido a la mala caligrafia y a un exceso de jerga brasileña.
El caso es que sea quien sea asegura que me ve casi todas las mañana, incluso que hemos hablado, y no hago más que preguntarme quién carajo es y cómo sabe mi dirección así como mi primer apellido. En la veterinaria puedo atender a cien brasileñas en un día, así que cualquiera adivina... aunque a decir verdad quizás sería mejor no saberlo nunca, es curioso eso de que alguien te quiera en secreto, ya saben, que tu nombre sea el suspiro en unos labios ajenos, existir en una vida sin tener conocimiento; como un personaje, como un fantasma.
En fin, al tiempo que me sube el ego me inquieta un poco, básicamente porque sé que alguien tiene datos sobre mí sin que yo tenga ni uno suyo, porque o conoce a alguien que me conoce o me ha seguido, porque debe observarme muy de vez en cuando, porque ante un gesto tan bonito a mi no se me ocurre otra cosa que pensar mal y con desconfianza, cosa que me jode más que ninguna.
Y yo que creía que estas cosas dejaban de ocurrir después de la E.G.B.
... así termina la semana.
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