
Una vez alguien pregunto: ¿Qué opción preferiría?
a) que se acostasen con otro pero pensaran en usted.
b) que se acostasen con usted pero pensaran en otro.
Le explico que es una cuestión llena de matices, por lo que no es posible responderla simplemente escogiendo a) o b). Puesto que si la chica que se acuesta conmigo esté casada y yo la haya asaltado en cualquier banco de una plaza, es probable que sea su esposo quien esté convirtiendo este polvo rápido en un conflicto moral. Y también pudiera ser, por supuesto, que ella sea el amor de mis amores pero ande soñando con cualquier hombretón que conoció el verano y le hizo llegar a paraísos a los que yo jamás la he llevado (sexualmente hablando, claro) por lo que entonces ruego que finja y calle, o que me lo diga y se marche.
En cuanto a la segunda opción... me inclino a descartarla. Si ella comparte el placer con otro ¿qué carajo hago yo ahí? mas si se da el caso prefiero que se suba la bombacha, se baje la pollera y venga a buscarme para hacer realidad aquello que andaba pensando (siempre y cuando no fuera algo como cortarme los huevos por haberla dejado plantada, tirada, dolida...)
También me pregunto cuál de las dos opciones he cometido yo a lo largo de mi vida. Y llego a la conclusión de que la primera no, pues cuando decido ser infiel lo hago con todas sus consecuencias y plena conciencia. En estas situaciones los remordimientos o se tienen antes o mejor se eliminan, pues ya que peco, ya que me juego mi entrada al cielo, que sea al menos en un polvo carnal y brutal sin vocecitas moralistas de por medio. Si vendo mi santidad dominado por la lujuria, al menos, que valga la pena. ¿No?
En cuanto a la segunda opción... me inclino a descartarla. Si ella comparte el placer con otro ¿qué carajo hago yo ahí? mas si se da el caso prefiero que se suba la bombacha, se baje la pollera y venga a buscarme para hacer realidad aquello que andaba pensando (siempre y cuando no fuera algo como cortarme los huevos por haberla dejado plantada, tirada, dolida...)
También me pregunto cuál de las dos opciones he cometido yo a lo largo de mi vida. Y llego a la conclusión de que la primera no, pues cuando decido ser infiel lo hago con todas sus consecuencias y plena conciencia. En estas situaciones los remordimientos o se tienen antes o mejor se eliminan, pues ya que peco, ya que me juego mi entrada al cielo, que sea al menos en un polvo carnal y brutal sin vocecitas moralistas de por medio. Si vendo mi santidad dominado por la lujuria, al menos, que valga la pena. ¿No?
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